Técnicas de creatividad. Tercera parte: El estilo

Hace tiempo que he estado inactivo por asuntos de trabajo, pero vuelvo a la carga con una nueva entrega de técnicas de creatividad enfocada al estilo. Esta entrada no consistirá en una serie de normas sobre cómo conseguir un estilo adecuado o con calidad literaria, sino sobre las posibilidades que ofrece trabajar en esto.

Eneas contándole a Dido las desgracias de Troya, de Pierre-Narcise Guérin

Ya desde la Edad Media se mencionaba en las poéticas la existencia de tres estilos: el sublime o culto, el medio y el humilde o vulgar y se utilizaba la obra de Virgilio para ejemplificarlos. De ahí nace la conocida como Rueda de Virgilio. Resumiendo, La Eneida mostraría el estilo culto, Las Geórgicas, el estilo medio y Las Bucólicas el estilo vulgar.

Esta tripartición de estilos también afectaba a las temáticas. Así, por ejemplo, el estilo sublime era adecuado para las tramas heroicas y la del vulgar para los mindundis. En la actualidad, se podría decir que en la actualidad el estilo va por un lado y la temática por otro, aunque no se puede negar que muchas veces hay una gran relación. Sin embargo, ahora se puede escribir una historia protagonizada por los grandes héroes de siempre (reyes, caballeros, etc) con un estilo coloquial y, al mismo tiempo, se puede crear una trama sobre gente humilde empleando en la narración un vocabulario  extremadamente barroco. Ya en los diálogos el estilo tendría que adecuarse a lo que Horacio llama decoro. Cada persona deberá utilizar un lenguaje adecuado a su contexto social porque si no causará extrañeza, al menos eso dice la teoría y las normas en literatura muchas veces están para romperse y eso es lo que nos permite jugar con el estilo.

Por un lado, podemos emplearlo como se hacía en la Antigüedad y amoldarlo a la temática o a los personajes. Con los narradores en primera persona esto es fundamental, pues si la voz que lleva la narración se diferencia por una serie de motivos concretos, el libro será más interesante para el lector y llamará más su atención.

Un ejemplo podría ser El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon, donde el protagonista es un chico con un trastorno del espectro autista que asume también el papel de narrador. El estilo de la obra se amolda para reflejar su visión del mundo, utilizando unos recursos determinados para hacer metáforas, referentes y reflejar el tipo de un lenguaje de una persona con estas características. Al usar este estilo, la obra pretende mostrar las problemáticas de las personas que sufren algún trastorno similar para hacer reflexionar al lector. En esta caso la temática y el estilo están irremediablemente unidos.

Dicho esto, ¿cuántas opciones habría para trabajar el estilo?, ¿cuál es el que mejor se adapta a cada tipo de escritor? Sintiéndolo mucho, aquí cada uno tiene que buscar su propia respuesta. Sin embargo, hice esta entrada para defender todos los tipos de estilo y mostrar que cada uno tiene su importancia, pues normalmente, sobre todo cuando se empieza a escribir, se piensa que el mejor estilo es el que está más trabajado, el que posee mayor complejidad ya sea por vocabulario o por sintaxis. Y esto no es así. Un estilo que no se apoya en la temática de la obra acaba siendo una característica anecdótica, como el número de páginas de la novela o al género al que pertenece. Ojo, que con esto no quiero negar que usar un estilo complejo no tenga su mérito, pero como he escuchado varias veces, en muchas ocasiones un estilo barroco lo que pretende es disimular carencias en otros apartados, como por ejemplo la temática o el desarrollo de personajes.

Así pues, aunque siga existiendo esta triple división de estilos (culto, medio y vulgar) no tiene por qué existir una jerarquía de calidad entre ellos, sino que cada uno tiene su finalidad y lo único que se diferencian es en el vocabulario y en el uso de la sintaxis, pues en los tres se pueden emplear todo tipo de recursos literarios.

Con todo esto, ya solo me queda desearos suerte a la hora de decidir un estilo. A la hora de escribir, yo me rijo por estos puntos:

a) Principios estéticos. Suelo preferir un estilo sencillo, pues me parece que es el mejor se adecua a mis ideas contra el elitismo cultural.
b) Exigencias de la temática o la trama. Si uso un narrador en primera persona, reflexiono mucho sobre qué estilo me conviene más y hago lo mismo cuando quiero escribir sobre ciertos temas controvertidos.

¿Y con qué estilo soléis escribir vosotros? ¿Tenéis uno concreto que vais variando según la novela?


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