viernes, 3 de marzo de 2017

Las cenizas que quedan


Hacer reseñas es un trabajo que me disgusta desde hace tiempo. Creo que el modo de reseña que me encuentro últimamente por blogs se limita en muchos casos en tratar de vender el libro, como si fuera solamente un producto comercial, señalando solamente sus cosas buenas y malas y después a otra cosa mariposa. Con esto no quiero decir que sea malo que el mercado influya en la literatura. Esto es algo que ha pasado siempre y que seguirá sucediendo. Pero si en anuncios de videojuegos, electrodomésticos y otro tipo de productos se empieza a utilizar más el factor emocional que la enumeración de características. ¿Por qué tenemos que andar como los cangrejos? ¿Por qué los escritores tenemos que vender solamente nuestros libros como productos y por qué reseñamos novelas como si vendiéramos pescado en una lonja?

Tras este pequeño preámbulo voy a hablar de Las cenizas que quedan de Andrea Prieto Pérez.

Para hablar de este libro eché un vistazo a otras reseñas para no repetir lo mismo que decía otra gente. Casi todas las reseñas eran buenas y se centraban más o menos en lo mismo. Así que no me queda más remedio que intentar enfocar esto de otra manera y decir por qué Andrea Prieto es buena escritora. Creo que para ser honestos hay que decir que conozco a la autora. No somos amigos, porque no hemos hablado lo suficiente para poder afirmar eso, pero es una de las personas que más respeto como escritoras. Dicho esto, vamos a hablar del libro.


Últimamente veo más que nunca la lucha contaste entre la literatura "canónica" y la de corte popular, una lucha feroz entre el entretenimiento y la trascendencia. Hay escritores que intentan conseguir ambas. En mi opinión, conseguir solo uno de estos aspectos es terriblemente complicado y alcanzar estos dos objetivos es una hazaña. En muchas ocasiones, veo que escritores que tienen una novela entretenida fallan al querer hallar la trascendencia con un lenguaje gongorino y diálogos que parecen querer desentrañar el sentido de la existencia. Y también veo a autores que, teniendo obras con un alto contenido literario, se pasan el entretenimiento por el arco del triunfo. Al final, son pocos los escritores que consiguen un equilibrio más o menos perfecto y siempre tiran por la sencillez. En esta encrucijada, Andrea Prieto tomó una decisión muy arriesgada. Hacer una novela que se basa en dos personajes hablando en un viaje en coche.

He visto que en algunas reseñas han señalado que esta novela es lenta. Me extraña porque empieza con toda la carne en el asador, haciendo unas descripciones y unos diálogos que son oro puro en cuanto a lo que quieren transmitir. Esta novela no sería lo que es si no contara con las descripciones de ese mundo desolado al que se vuelve una y otra vez, un paisaje que refleja perfectamente el estado anímico de los personajes. ¿Para qué seguir luchando si lo que te espera es un mundo donde lo único que quedan son cenizas y bestias asesinas? Las cenizas que quedan es una novela con estilo cinematográfico en el mejor sentido de la palabra, donde una imagen lo puede contar todo. Pero, además, estas descripciones se complementan con dos personajes redondos: Aline y Weiss.

Aline era una mujer cuyo estilo de vida se basaba en adentrarse en ese desierto ceniciento y regresar a su casa para ayudar a su gente. Al inicio novela aparece como un personaje mutilado por la pérdida de un brazo y que cuenta con un puesto de responsabilidad dentro de su comunidad. A pesar de tener este puesto de responsabilidad, Aline sigue con la imagen de las cenizas que cubren la tierra de su mundo, un escenario que ya solo ve desde la barrera y qué le obliga a preguntarse: ¿qué hago yo aquí? Weiss, por el contrario, es un aventurero cuyo único deseo es viajar más allá del asentamiento donde viven sus conocidos, alguien que cuando piensa en su hogar lo hace con angustia y que aprovecha la mínima oportunidad para empezar un viaje con Aline. Y eso es lo importante de la novela: dos personas hablando. Hay dos escenas de acción si no recuerdo mal y el resto son diálogos y descripciones. Un esquema que solo siguen aquellos que saben que pueden llevarlo a cabo y la gente temeraria.

Nos han bombardeo con la idea de que el entretenimiento tiene que ser acción a raudales. Nuestro estilo de vida se basa en hacer muchas cosas y pocas veces nos podemos parar en la calle a echar un ojo a lo que nos rodea. También, en el terreno de la literatura, nos han hecho creer que si haces descripciones tienes que tener un estilo barroco para darles un sentido, y también que debemos explicar absolutamente todo, sobre todo en fantasía y ciencia ficción. Que nadie espere en esta novela explicaciones detalladas del sistema de magia, de la sociedad o de las criaturas, que no se espere un conflicto trabajado con un enemigo a la altura. Lo vuelvo a repetir. Esta novela son dos personas viajando en coche y lo demás es secundario. El conflicto es el que tienen ellos consigo mismos; son sus peores enemigos. Andrea Prieto no necesita más para demostrar que es una escritora como la copa de un pino. En ese sentido, me sorprende que comparen a esta novela con Mad Max cuando veo más semejanzas con La carretera.

No voy a hablar más del libro porque sería ofrecer mi interpretación y creo que es mejor entrar a la historia con pocas imágenes en la cabeza. Solo quiero añadir que mis dos escenas favoritas son el instante en el que Aline sale del asentamiento y mira el paisaje por la ventana del coche y el momento en el que intenta montar su rifle. Otro escritor habría optado por un estilo barroco tratando de hacer esas escenas súper trascendentales. La autora en cambio optó por un estilo sencillo porque sabía que esas dos imágenes hablaban por sí solas.

PD: Me parece justo señalar la iniciativa de la que Andrea Prieto forma parte: La nave invisible. Es una propuesta que trata de reivindicar escritoras de género. Y en ese sentido me parece que ella se merece muchísima reivindicación porque tomó una decisión muy valiente a la hora de escribir este libro, alejándose del tratamiento de las propuestas de fantasía y ciencia ficción más populares.

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