martes, 6 de diciembre de 2016

Cuestión de principios

Hace mucho que no escribo en el blog por cuestiones de estudio y/o trabajo en mis chapuzas varias. Cuando no estoy en la calle, paso las horas perdiendo el tiempo en youtube para relajarme o leyendo algún libro de la universidad por cuenta propia para perder la calma que me habían entregado ciertos vídeos chorras de la red.

Escribir escribo muy poco. Como mucho algún relato corto o trabajos académicos y ya. Mi sequía no se debe a falta de ideas, sino a inseguridad. Últimamente me da por meterme en noticias de política o de sucesos que tratan temas de actualidad y leer los comentarios de la parte inferior de la noticia o del artículo. Tras esa lectura y perder durante unos minutos la fe en la humanidad, me pregunto: ¿quién tendrá razón? Y tratando de encontrar respuestas busco más noticias y/o libros sobre el tema para leer, leer y leer. Y mi inseguridad aumenta. Fíjate tú qué cosas.

Tampoco he estado lloriqueando en una esquina de mi habitación sin atreverme a hacer nada. Soy indeciso, pero tampoco tanto. No obstante, sigo preguntándome cómo la gente puede estar tan segura de ciertas cosas. Quizás no es que la gente tenga seguridad, sino que intenta aparentarla para defender su punto de vista. Otras veces la seguridad viene de la completa ignorancia y eso lo he ratificado en algunos comentarios de ciertas noticias que no mencionaré aquí, porque muchos casos son de sobra conocidos.

En mis horas muertas por la red he seguido buscando viñetas de Mafalda. Siempre me hacen reír y no sé por qué


En fin, me he puesto a actualizar el blog a estas horas porque no puedo dormir ni concentrarme y tengo que escribir para ver si puedo despejarme, así que se me ha ocurrido hacer algo útil y darme un poco de publicidad. Sí, publicidad por mi nuevo libro. Lamento haber decepcionado a aquellos que hayan entrado aquí creyendo que iban a leer algo interesante. A mí solo me motiva el vil dinero.

No soy esa paloma. Soy el que la caza y se la come o la vende para comprarse una tableta de chocolate



Bueno, en realidad todo el rollo que he soltado antes sí tiene algo que ver con este autobombo publicitario. La novela corta que he publicado con Pulpture, Game Over, es lo único que he escrito con placer en esta etapa de bloqueo. He escrito más cosas como una novela corta, un folletín y un relato corto para una publicación de Pulpture que pretendía hacer un homenaje a la historia de Guy Fawkes por el 5 de noviembre, ya que me hago publicidad, que sea a lo bestia. Pero esta novelita es lo único que he disfrutado escribiendo. Con ella logré dejar a un lado la inseguridad. ¿El motivo de todo esto? Muy sencillo. Nunca esperé que me la publicaran. Con esto no quiero decir que la novela sea mala, solo que la escribí sin tener esperanzas porque la mandé a una convocatoria de novelas de ciencia ficción. Y creo que para escribir este género se necesita tener aprecio o conocimiento por la ciencia y yo con este saber tengo una relación.... Bueno, esta imagen de una conocidísima película de ciencia ficción refleja muy bien mi relación con la ciencia.


Por este motivo, dado que estaba frustrado con la humanidad por esas fechas (bajo mi cara de niño bueno se esconde un sociópata en potencia) escribí sin filtro ninguno usando mi sentido del humor más ácido y lanzando dardos a todo lo que se me ocurriera. Gracias a lo poco de decencia que me quedaba le enseñaba el manuscrito a mi pareja para que me diera el visto bueno, ya que ella es muchísimo mejor persona que yo. Su respuesta fue: "Porque te conozco, que si no, pensaría que estos chistes están escritos a mala idea". Y como pensaba que no iba a publicar le dije: "Con eso me vale. Gracias por no odiarme". Lo gracioso es que mi sentido del humor absurdo gustó y publicaron la novela. En mi defensa diré que metí conceptos de sci-fi y algo de metaficción para enviar algo aparte del odio contra la humanidad que me embargaba en ese momento. No quería que los editores vieran mi falta de profesionalidad. Aun así mi humor gustó. Algo de gracia tendré aunque a mi madre no le gusten mis chistes de política. Seguro que se cree que soy de los que meten rodajas de chorizo o fics homoeróticos de Rajoy e Iglesias en los sobres de las papeletas los días de elecciones. Al menos, el consuelo que me queda es que mi pareja dice que soy gracioso y se ríe de mis chistes, o eso quiero pensar.

Lo que quiero decir con todo esto es que el libro tiene la gracia de las historias que uno escribe con la seguridad de que no le va a leer nadie más allá de su círculo de confianza. Sé que mis chistes no le gustarán a todo el mundo, pero bueno... Nadie es perfecto. Sin embargo, al pensar en Game Over estos días estuve reflexionando sobre las críticas que se hacen a ciertos libros a partir de un análisis ideológico. Este tema me interesa mucho y estoy haciendo un trabajo de fin de máster sobre esta cuestión y seguramente haga una tesis doctoral sobre lo mismo. Soy consciente de que con Game Over me pueden llover palos si los chistes no se entienden debido a que tengo la mala costumbre de hacer las cosas de forma sutil y a veces transmito de forma ambigua mis ideas. Hago este tipo de chistes porque soy pequeño y nunca he hecho chistes de forma directa por miedo a que me partieran la cara. Cobarde que soy. En Game Over las bromas no son nada ambiguas. Mi pareja me marcó varios chistes en rojo y mi respuesta fue: "Lo ha dicho el mono con pistolas. No puedes decirme nada". Pero, en fin, pilarín, la novela ya está escrita y yo me desahogué mucho escribiéndola y ojalá volviera a recuperar esa sensación. Como cierre a esta reflexión, solo puedo citar otra vez las palabras de la amiga de Mafalda y decir que no se puede gustar a todo el mundo, ¿pero cuántas novelas habéis leído protagonizadas por monos últimamente?

Herb Ponnington, detective privado y caballo, aún sufre las consecuencias de su desastrosa visita al Ingeniero (que, recordemos, acabó muerto a manos de Pax, el chimpancé ayudante de Herb). La policía les insiste para que investiguen el caso y hallen al asesino (ellos mismos) y, por si eso no fuera poco, ahora llama a su puerta Stuart, el sobrino de Ponnington, que no hará sino complicarles la existencia.
Tan enervante situación hará que se embarquen en una alocada huida a través del desquiciado universo, que, por lo visto, se está desintegrando. Cosa que, también por lo visto, ocurre cuando se mata al Ingeniero.


Sé que hay otras tres novelas en el libro, pero esta noche estoy un poco egocéntrico.

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