lunes, 19 de diciembre de 2016

Ser profesional

Resucité el blog por cuestiones de vil publicidad, ya que no hay nada más estimulante que la posibilidad de ganar dinero. Bueno, ahora hablando en serio el motivo por el que actualizo tan poco es que este es mi último año de universidad y apenas tengo tiempo para escribir de la forma asidua que exige este medio. Y es una pena, porque las clases me dan a menudo ideas interesantes sobre las que reflexionar. El problema es que no dispongo de tiempo material para pensar un enfoque para el blog. Sin embargo, había un tema del que quería hablar y que tiene que ver con este asunto del enfoque y con el motivo de por qué no me atrae la idea de hacer reseñas para resucitar la cosa esta.


En Goodreads siempre suelo dar cinco estrellas a mis lecturas a no ser que vea algo importante que se deba mejorar. Y si tengo que escribir una reseña para explicarme mejor, lo hago. No me gusta poner cuatro estrellas o tres por la obligación de tener que hacer una clasificación de libros buenos. La virtud de una novela, poemario, etc. puede proceder de aspectos muy diferentes y en muchas ocasiones, sobre todo en Goodreads, veo algunas calificaciones bajas que están justificadas en argumentos que dejan bastante que desear por decirlo de forma delicada. Por eso, voto con cinco estrellas por norma general. Para hacer contrapeso. Aunque pocas veces hago reseñas o críticas porque para hacerlas en condiciones necesito tiempo. Mucho tiempo. Bueno, en realidad no tanto, pero dispongo de tan poco tiempo libre que para el caso es lo mismo.


Esto es un tema complejo porque ahora todo el mundo hace sus críticas por la red y eso está bien. Yo mismo me guío de las críticas de los demás para ir al cine o escoger mis lecturas, pero también es cierto que la mayoría de las críticas no están hechas por gente que estudie Literatura. Y, ojo, no digo que para valorar una obra literaria de forma correcta haya que pasar por la universidad. Nada de eso. Puedes leer libros de teoría por tu cuenta y/o devorar novelas a mansalva y ser un excelente crítico, pero también es cierto que hay muchas reseñas que en vez de hacer análisis de una obra hacen una exposición de gustos personales. ¿Eso es malo? En absoluto si el que lee esas entradas sabe lo que está leyendo, pero muchas veces no es así, y esto es peligroso porque todos nos fiamos de las reseñas a la hora de decidir si acercarnos a una obra o no. Y hay muchos libros buenos que para apreciarlos se necesita saber ciertas cosas que solo alguien que haya estudiado Literatura puede conocer.

Puedo poner un ejemplo de esto hablando de cine. Yo podría hacer reseñas de películas. De hecho, alguna vez las he hecho fijándome en la narrativa. Sin embargo, una crítica mía de cine será bastante floja porque no sé casi nada de aspectos técnicos de cine y seguramente haya películas geniales en cuestiones de fotografía, o de innovaciones en aspectos formales, que seré incapaz de apreciar porque no tengo ni puñetera idea de cine. Para disfrutar de una película compleja tendría que venir un crítico y decirme: mira esto que acabas de ver y que te parece una paja mental con pretensiones es buena por todas estas cosas.

Esta parrafada llena de desvaríos viene a cuento de unas clases de crítica que he tenido hace poco en el máster. Allí se habló de la importancia que deberían tener los críticos y del poco peso que tienen, debido sobre todo al hecho de que los que estudiamos Literatura no solemos reivindicarnos y dejamos que la imagen del crítico gafapasta sea la que represente al gremio. Yo estoy muy de acuerdo con esto y una de mis películas favoritas, Ratatouille, trata sobre este tema espinoso.

Su monólogo es de lo mejor de la peli


Considero que como críticos debemos estar a contracorriente, sobre todo a la hora de defender a una obra con capa y espada. A veces también es necesario ofrecer una visión negativa de una novela que haya sido bien aceptada si hay un motivo de peso para esto, pero lo más importante de la función del crítico es reivindicar aquello que no se conoce o no se valora como se merece.

Todos hemos sido Homer alguna vez


Poniéndome como ejemplo otra vez, uno de mis profesores de universidad es fanático de Star Wars hasta el punto de que ha investigado y analizado muchísimo esa saga. Fue él quien me hizo ver Star Wars VII de una manera distinta a los análisis superficiales que se ven en toda la red, sobre todo ahora que se ha estrenado Rogue One. Con Ratatouille me pasó lo mismo. Para comprender mejor al crítico Anton Ego tuve que ver una reseña de otro crítico que me explicaba la importancia de ciertas escenas que daban una interpretación más completa de este personaje. Que yo haya tenido que recurrir a terceras personas para comprender mejor ciertas películas no me hace más tonto. Para analizar bien una obra se necesita mucho tiempo, ya sea para adquirir conocimientos o para analizarla una y otra vez y sacarle todo el jugo. Y no todo el mundo dispone de ese tiempo por varios motivos. Yo tengo mucho tiempo para leer porque quiero dedicarme a la literatura de manera profesional y a veces me revienta que la crítica no se enfoque de forma profesional porque reseñar una obra de forma pública siempre tiene consecuencias.

Para terminar, me gustaría aclarar que los críticos no somos infalibles y que en la universidad hay peleas bastante fuertes, o eso dicen, a la hora de decidir cuál es el análisis correcto de una obra. Sucede lo mismo con los médicos. Ellos también se equivocan. No obstante, a la hora de curarnos de una enfermedad de cierta importancia siempre recurrimos a ellos y no a los remedios tradicionales.


martes, 6 de diciembre de 2016

Cuestión de principios

Hace mucho que no escribo en el blog por cuestiones de estudio y/o trabajo en mis chapuzas varias. Cuando no estoy en la calle, paso las horas perdiendo el tiempo en youtube para relajarme o leyendo algún libro de la universidad por cuenta propia para perder la calma que me habían entregado ciertos vídeos chorras de la red.

Escribir escribo muy poco. Como mucho algún relato corto o trabajos académicos y ya. Mi sequía no se debe a falta de ideas, sino a inseguridad. Últimamente me da por meterme en noticias de política o de sucesos que tratan temas de actualidad y leer los comentarios de la parte inferior de la noticia o del artículo. Tras esa lectura y perder durante unos minutos la fe en la humanidad, me pregunto: ¿quién tendrá razón? Y tratando de encontrar respuestas busco más noticias y/o libros sobre el tema para leer, leer y leer. Y mi inseguridad aumenta. Fíjate tú qué cosas.

Tampoco he estado lloriqueando en una esquina de mi habitación sin atreverme a hacer nada. Soy indeciso, pero tampoco tanto. No obstante, sigo preguntándome cómo la gente puede estar tan segura de ciertas cosas. Quizás no es que la gente tenga seguridad, sino que intenta aparentarla para defender su punto de vista. Otras veces la seguridad viene de la completa ignorancia y eso lo he ratificado en algunos comentarios de ciertas noticias que no mencionaré aquí, porque muchos casos son de sobra conocidos.

En mis horas muertas por la red he seguido buscando viñetas de Mafalda. Siempre me hacen reír y no sé por qué


En fin, me he puesto a actualizar el blog a estas horas porque no puedo dormir ni concentrarme y tengo que escribir para ver si puedo despejarme, así que se me ha ocurrido hacer algo útil y darme un poco de publicidad. Sí, publicidad por mi nuevo libro. Lamento haber decepcionado a aquellos que hayan entrado aquí creyendo que iban a leer algo interesante. A mí solo me motiva el vil dinero.

No soy esa paloma. Soy el que la caza y se la come o la vende para comprarse una tableta de chocolate



Bueno, en realidad todo el rollo que he soltado antes sí tiene algo que ver con este autobombo publicitario. La novela corta que he publicado con Pulpture, Game Over, es lo único que he escrito con placer en esta etapa de bloqueo. He escrito más cosas como una novela corta, un folletín y un relato corto para una publicación de Pulpture que pretendía hacer un homenaje a la historia de Guy Fawkes por el 5 de noviembre, ya que me hago publicidad, que sea a lo bestia. Pero esta novelita es lo único que he disfrutado escribiendo. Con ella logré dejar a un lado la inseguridad. ¿El motivo de todo esto? Muy sencillo. Nunca esperé que me la publicaran. Con esto no quiero decir que la novela sea mala, solo que la escribí sin tener esperanzas porque la mandé a una convocatoria de novelas de ciencia ficción. Y creo que para escribir este género se necesita tener aprecio o conocimiento por la ciencia y yo con este saber tengo una relación.... Bueno, esta imagen de una conocidísima película de ciencia ficción refleja muy bien mi relación con la ciencia.


Por este motivo, dado que estaba frustrado con la humanidad por esas fechas (bajo mi cara de niño bueno se esconde un sociópata en potencia) escribí sin filtro ninguno usando mi sentido del humor más ácido y lanzando dardos a todo lo que se me ocurriera. Gracias a lo poco de decencia que me quedaba le enseñaba el manuscrito a mi pareja para que me diera el visto bueno, ya que ella es muchísimo mejor persona que yo. Su respuesta fue: "Porque te conozco, que si no, pensaría que estos chistes están escritos a mala idea". Y como pensaba que no iba a publicar le dije: "Con eso me vale. Gracias por no odiarme". Lo gracioso es que mi sentido del humor absurdo gustó y publicaron la novela. En mi defensa diré que metí conceptos de sci-fi y algo de metaficción para enviar algo aparte del odio contra la humanidad que me embargaba en ese momento. No quería que los editores vieran mi falta de profesionalidad. Aun así mi humor gustó. Algo de gracia tendré aunque a mi madre no le gusten mis chistes de política. Seguro que se cree que soy de los que meten rodajas de chorizo o fics homoeróticos de Rajoy e Iglesias en los sobres de las papeletas los días de elecciones. Al menos, el consuelo que me queda es que mi pareja dice que soy gracioso y se ríe de mis chistes, o eso quiero pensar.

Lo que quiero decir con todo esto es que el libro tiene la gracia de las historias que uno escribe con la seguridad de que no le va a leer nadie más allá de su círculo de confianza. Sé que mis chistes no le gustarán a todo el mundo, pero bueno... Nadie es perfecto. Sin embargo, al pensar en Game Over estos días estuve reflexionando sobre las críticas que se hacen a ciertos libros a partir de un análisis ideológico. Este tema me interesa mucho y estoy haciendo un trabajo de fin de máster sobre esta cuestión y seguramente haga una tesis doctoral sobre lo mismo. Soy consciente de que con Game Over me pueden llover palos si los chistes no se entienden debido a que tengo la mala costumbre de hacer las cosas de forma sutil y a veces transmito de forma ambigua mis ideas. Hago este tipo de chistes porque soy pequeño y nunca he hecho chistes de forma directa por miedo a que me partieran la cara. Cobarde que soy. En Game Over las bromas no son nada ambiguas. Mi pareja me marcó varios chistes en rojo y mi respuesta fue: "Lo ha dicho el mono con pistolas. No puedes decirme nada". Pero, en fin, pilarín, la novela ya está escrita y yo me desahogué mucho escribiéndola y ojalá volviera a recuperar esa sensación. Como cierre a esta reflexión, solo puedo citar otra vez las palabras de la amiga de Mafalda y decir que no se puede gustar a todo el mundo, ¿pero cuántas novelas habéis leído protagonizadas por monos últimamente?

Herb Ponnington, detective privado y caballo, aún sufre las consecuencias de su desastrosa visita al Ingeniero (que, recordemos, acabó muerto a manos de Pax, el chimpancé ayudante de Herb). La policía les insiste para que investiguen el caso y hallen al asesino (ellos mismos) y, por si eso no fuera poco, ahora llama a su puerta Stuart, el sobrino de Ponnington, que no hará sino complicarles la existencia.
Tan enervante situación hará que se embarquen en una alocada huida a través del desquiciado universo, que, por lo visto, se está desintegrando. Cosa que, también por lo visto, ocurre cuando se mata al Ingeniero.


Sé que hay otras tres novelas en el libro, pero esta noche estoy un poco egocéntrico.