martes, 2 de junio de 2015

Había una vez un personaje llamado Orlando


Después de una semana ajetreada en la que borré mi blog, como precaución para no escribir nada en caliente, vengo aquí completamente calmado a hablar sobre cierta crítica que recibí en un blog con bastantes seguidores. Hago esto para dejar clara mi opinión y que no se me malinterprete, que no hay nada que guste más a la gente que malinterpretar.

La critica es esta

En primer lugar la crítica no me molesta. Me duele porque han criticado un trabajo que me llevó mucho esfuerzo e ilusión y porque han malinterpretado a un personaje por una serie de motivos, que no considero malintencionados. Quiero dejar claro que no me molesta que me digan que escribo mal y de forma caótica. He adquirido bastante estilo en los concursos del foro de LGG, donde no siempre me hacían críticas agradables. Una chica me dijo una vez que leer mis historias le daba pereza y que si las acababa era porque debía juzgarlas para los concursos. Y he quedado el otro día con esa chica, y os puedo asegurar que no le he arrancado los ojos. Es más, nos reímos, nos echamos en el césped con unos amigos y me quitó hojas del pelo (dato que parece tonto, pero que es importante porque a mí me gusta mantener las distancias con casi todo el mundo). Creo que no es necesario decir que acepto todo tipo de críticas. Desde que decidí ser escritor, tuve que mentalizarme de que me llegarían críticas malas. Por eso fui al Jardín de las Malas Hierbas, porque son unas críticas demasiado nazis (aunque Ortiga prefiera usar otra palabra) y quería exponer un trabajo que consideraba, y sigo considerando, válido.

Si les gustaba, tendría publicidad. Si veían fallos, sobre todo en estilo, porque esas chicas tienen un ojo impresionante haciendo críticas formales, podría tomar nota y mejorar para el siguiente libro. ¿Qué pasó? Dijeron que había fallos a su manera y después se dedicaron a destripar a cierto personaje protagonista tachándolo con un adjetivo: machista.

Obviamente, en literatura tiene que haber personajes de todo tipo siguiendo una regla sencilla: que haya en ello una intención medianamente aceptable. No es lo mismo hacer un personaje moralmente reprobable, queriendo criticar su actitud, que hacerlo estando de acuerdo con ese comportamiento, haciendo apología de él. ¿Qué pasó en esa reseña? Que obviaron, o se les pasó decir, que podría estar haciendo un personaje dotado de una personalidad controvertida con una intención medianamente aceptable. Solo se centraron en un rasgo: el machismo implícito.

Vamos a ser serios. No es lo mismo decir que un libro es una mierda apestosa, que, oye, el autor puede haber tenido un mal día, que decir que tu libro es una mierda y que el personaje es un machista. Esa es la pequeña diferencia entre un trabajo como el Código Da Vinci (simple a más no poder) y After. Y como autor yo puedo escribir una novela como la primera con la cabeza más o menos tranquila. Jamás pasaría lo mismo si hiciera algo parecido a la segunda novela. Porque, oye, el machismo es algo serio que hace que cada año un determinado número de personas mueran. Y si alguien está pensando en comentar que ese problema es algo exagerado por ciertos colectivos, ya puede ir a decir gilipolleces a otra parte, que solo tengo 21 seguidores.

¿Qué pasó con la lectura de Ortiga? No lo sé. Ella me dijo que era confuso y que por eso se le saltaban algunos detalles de caracterización. Ahí sería fallo mío (y suyo también, que ahí estaban). Sin embargo, otras personas comprendieron al personaje principal y dijeron que estaba en un conflicto que podía degenerar en una espiral de autodestrucción. Es evidente que debo mejorar mi claridad, pero también es obvio que había ciertas intenciones que podían verse y con las que podía defender mi trabajo.

Como soy humano, salté en la reseña diciendo argumentos de referencias que no se veían a simple vista para demostrar que no escribo como un pollo sin cabeza. Ahí cometí un error condicionando al lector y ya me arrepiento de ello. Aquí solo quiero comentar una referencia: la que da personalidad a todo mi libro, el Orlando de Virginia Woolf. Pero antes de eso quiero hablar de un personaje que cogió mucha "popularidad" durante los premios Hugo: John C. Wright, cuyas prestigiosas declaraciones tradujo en esta entrada la misma Ortiga que me destrozó. ¿Qué decía este buen hombre en su panfleto? Que el hecho de otorgar características masculinas a la mujer iba a destrozar la literatura. La mujer debía limitarse a imitar ese ente amorfo que los machistas llaman feminidad.

Hablemos ahora del Orlando de Woolf, la mujer que junto a Simone de Beauvoir es uno de los pilares del feminismo moderno. El Orlando es la historia de un personaje andrógino que posee varias de las cualidades que tradicionalmente se han considerado propias de los hombres, y otras que se han vinculado a las mujeres. El pobrecillo trata de buscar su lugar hasta que, después de mucho pensar, decide cambiarse de ropa según le convenga ser hombre o mujer, ya que por su aspecto puede pasar por ambos y cree que lo que hace a la persona es su traje, no su sexo.

Sobra decir que no creo que el buen Wright se haya leído el Orlando. Y me alegro porque podría haber acabado en el hospital por culpa de un infarto. Lo que no me alegra es que un personaje femenino que haya decidido por voluntad propia vestir ropas de hombre haya sido criticado tan duramente. También me intriga el ver que recibió constantes críticas por el hecho de defenderse a punta de espada, como si una mujer no pudiera reaccionar de manera violenta para defenderse, como si eso fuera propio de hombres y no del feminismo. Ojo aquí. No hay nada que odie más que las respuestas violentas y sé que las mayores críticas que recibió mi personaje en la reseña de Ortiga fue por su carácter agresivo.

Con esta novela no quería adoctrinar a nadie, solo reflejar la impotencia que se siente cuando no hay justicia. Dejo estas dos citas de la novela, ambas dichas por Lady Violet/Orlando.

"-Es una buena mujer, capaz de pasar página y no albergar rencor en su interior. Quién pudiera ser como ella. Quién pudiera cerrar los ojos e irse a dormir sin preocuparse de nada"

"-Por favor... -suplicó Diane.
-Los encontraré a todos -prometió Violet-. Los encontraré a todos y ajustaré cuentas aunque sea lo último que haga".

Ya no sé qué pensar. Lo único que tengo claro es que me niego a aceptar que Wright tenga razón.