martes, 5 de mayo de 2015

Libros para niños

Por fin recuperé mi flipbook de Pulpture y podré preparar la reseña, aunque seguramente tardaré porque tengo que hacer los trabajos de clase y establecer prioridades. En resumen. Las entradas del blog pasarán a ser desvaríos varios para ayudarme a vaguear en época de exámenes, trabajos y calamidades diversas.

Me gustaría dedicar la entrada de hoy a la literatura infantil. Hace dos días me nominaron a una cadena en facebook para subir durante cuatro días fragmentos de textos escritos por mí. En un principio, estuve tentado de pasar de la cadena como hago con todos los retos a los que me nominan, pero tuve uno de esos arranques de ego que me dan a veces y quise impresionar a la persona que me nominó y también defender un tipo de literatura que me parece que está un poco infravalorada. Cuando la gente me pregunto qué tipo de historias escribo, me gusta decir que cuentos para niños, aunque sean las historias que menos puedo mover. Realmente disfruto haciendo este tipo de literatura por varios motivos. Uno de ellos es porque me supone un reto hacer argumentos con miga que sean, además, atractivos para un lector de poca edad. El otro, porque me siento rejuvenecer cuando me meto en la piel de un niño y pienso en cosas que puedan interesarle.



Por si esto no fuera poco, considero que es importante cuidar la literatura para niños porque es la que sienta las bases de lo que leerá el lector adulto. Ciertamente, los niños tienen que leer libros que logren entretenerles y que les ayuden a desarrollar la imaginación. Pero también deben leer cosas que les ayuden a formarse como personas, desarrollando un sentido crítico. Hacer esto conlleva un gran esfuerzo porque se debe evitar a toda costa el tono moralista y pseudofilosófico que usan muchos escritores de tres al cuarto cuando quieren que sus obras sean "profundas". Cuando era crío, los libros que más odiaba eran los que, descaradamente, pretendían inculcar valores cívicos como el respeto por los demás, las normas, etc. Dicho así, puedo sonar un poco amoral, pero mis compañeros de clase pensaban igual que yo y nunca he visto a nadie que dijera que esperaba con ansias la nueva novedad protagonizada por adolescentes con trastornos de alimentación o problemas con las drogas.

Hace poco vi un vídeo que defendía la literatura juvenil, asegurando que podía tener la misma profundidad que la novela adulta. Profundidad, la dichosa palabra que se repite a menudo. En teoría, el vídeo no tendría nada de malo de no ser por el contexto en el que se ha grabado y que temo que acabe influyendo en la literatura infantil. Es curioso, pero todos sabemos que la virtud está en el término medio y ninguno sabemos llegar a él. Últimamente la literatura juvenil (bueno, siendo justos, cierto sector de ella) anda continuamente justificándose tras haber sufrido una injusta infravaloración durante una época y ahora se ha sumido en una autocomplaciencia demasiada destructiva para sus intereses. Que sí, que hay literatura de mercado y literatura con pretensiones. También se insiste en que no todo es bueno y que hay novelas horribles. Pero también es cierto que ahora casi todas las novedades de literatura juvenil parecen hechas a partir del mismo molde, mostrando falta de frescura y originalidad, y que también es fácil señalar con el dedo a ciertos libros que obviamente son horrendos se miren por donde se miren, y que esta autocrítica no se hace con los libros de cabecera de la literatura juvenil, al menos no exhaustivamente.

Me gustaría que la literatura infantil se valorara más y que nunca cayera en un estado de autocomplaciencia. Tal vez el problema sea que al haber tanta producción de libros seamos más críticos que nunca para poder decir con criterio qué novelas tienen calidad y cuáles no.

Como siempre, en estos casos nunca hay una respuesta clara.