sábado, 4 de abril de 2015

Para gustos, colores

Buenas, no especifiqué en mi última entrada qué viernes volvería. O tal vez sí lo hice. No importa; he vuelto y como prometí voy a ponerme a hablar sobre gustos.


Siempre ha habido discusión sobre si algo puede ser bueno dependiendo de la reacción que genere en el espectador/consumidor. Vamos, siendo claros, el debate se centra en si algo que le gusta a mucha gente tiene que ser, por fuerza, algo bueno.


Me gustaría centrarme en los debates que esta cuestión generó en el siglo XVIII y a la que después se enfrentarían los románticos.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que el gusto proviene del hecho de que nosotros vemos algo y lo consideramos bello a partir de una serie de razones, en el caso de que sepamos argumentar, y esto depende, obviamente, del concepto de estética que tenga cada uno.

Alexander Baumgarten fue uno de los primeros en decir que cada uno tiene sus propios gustos. Para él, el objeto artístico tenía que buscar agradar al público y no someterse a ningún otro fin que no sea el de agradar o conmover. Esto es lo que se conoce como autonomía del arte. Por la misma época, el pensador Edmund Burke defendía esta misma tendencia y añadió que el arte debía transmitir lo sublime, un concepto que ya se usó en la Roma tardía. Lo sublime sería todo aquello que nos inspire terror o sobrecogimiento con el objetivo de conmover, algo que se lograría a través de ambientes oscuros y tenebrosos

Imágenes oscuras y sombrías que pretendan causar terror. Me parece que esas ideas no triunfaron en el XIX


Kant también reflexionó sobre lo sublime, algo que posicionó encima de lo bello a la hora de formular su estética, aunque no dijo nada muy diferente a lo que ya había expresado Burke. Tampoco opinaba de forma muy diferente a Baumgarten, pues él también decía que nuestro gusto es subjetivo y que depende de nuestra percepción individual de lo bello, que siempre vincularíamos a lo bueno. Aquí nos encontraríamos una de las raíces del pensamiento de que lo que nos gusta tiene que ser bueno porque sí, porque nosotros lo valemos. Aunque, siendo justos, no debemos echarles todas las culpas a Kant, ya que este pensamiento tiene sus raíces en la filosofía del bueno de Platón. Ahora bien, es obvio que todo esto nos llevaría a un callejón sin salida donde se podría argumentar que todo puede tener su belleza escondida, algo que, creo, nadie defiende ni por asomo.

Pero nunca debemos perder la esperanza de mostrar al mundo nuestra belleza

¿Cómo arregló esto Kant, un hombre que tenía soluciones para todo? El filósofo favorito de cualquier alumno de Bachillerato dijo que nuestro gusto subjetivo estaba influido por apariencias objetivas: rasgos que debe tener cualquier objeto estético para ser bello y que vendrían establecidos por la sociedad. Así pues, Kant defendía que, a la hora de valorar un objeto de arte y analizar la reacción que provocaba en el público y el genio del artista, había que prestar especial atención a lo primero. Habrá que esperar al Sturm und Drang del XIX para que se dé primacía al artista a la hora de juzgar un objeto artístico y no se preste tanta atención a las normas estéticas impuestas por la sociedad.

Teniendo en cuenta que muchos de nuestros ideales actuales proceden del Romanticismo, como el amor, el concepto de arte, etc..., al menos los mayoritarios, ¿qué pensáis sobre el tema? También agradecería correcciones si fueran necesarias a la interpretación de las ideas de Kant, que es un filósofo difícil de leer, y lo que sé de él proviene de lo que dice la gente que lo ha leído. Al menos puedo decir que logré terminar Sobre lo bello y lo sublime y que estoy cogiendo fuerzas para enfrentarme a sus otras obras.

2 comentarios:

  1. La verdad es que el tema de la belleza da para un debate largo.

    Algo que muchos suelen olvidar, hablando de arte, es que antes de juzgar primero se debería comprender la obra en cuestión o por lo menos intentarlo. Es algo que en la clase de Estética e Historia de las Artes no dejamos de repetir je, je.

    Es complicado abarcarlo todo, cada corriente filosófica propone un modelo de belleza, lo sublime, lo noble, lo bueno... y seamos realistas, hay cosas hermosas que no son precisamente buenas, o que pueden resultar peligrosas.

    En mi opinión lo primero que le pediría al arte y a cualquier cosa en general para que me resultase bella sería que cause un impacto en mí. Creo que sin eso no se puede hablar de belleza, puesto que ésta no deja indiferente, en fin que me enrollo y no paro de hablar.

    Una entrada muy interesante :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso que dices es cierto, porque cada cultura tiene sus ideales de belleza, pero en una sociedad como la nuestra, que en teoría compartimos un mismo pensamiento (jajaja), la cuestión es más peliagudo para decir qué es arte y qué no es arte. Tuvimos un debate interesante en clase con ARCO y a punto estuvieron de saltar los cuchillos.

      Como dices, creo que es más fácil decir que nos parece bello a nosotros.

      Muchas gracias por comentar ^^

      Eliminar