martes, 28 de abril de 2015

Un puente hacia Therabithia

Desde que vi la película con el trailer más engañoso que recuerdo (sí, estoy hablando de ti, Therabithia), tenía unas ganas locas de leer el libro en el que se inspiró semejante timo que, a pesar de todo, me dejó un buen sabor de boca. Hace unas pocas semanas pude cumplir el objetivo que me había marcado hace más de cinco años.

La portada del libro que cogieron del cartel de la película
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En teoría, debería poder comparar el libro y la película aprovechando las clases de semiótica que recibí hace poco en la universidad, pero mis apuntes son tan confusos y tengo tanto cacao en la cabeza, que lo haré a la manera sencilla: fijándome solo en el argumento de la novela y el guión de la película. Destriparé la peli y el libro, así que quien avisa no es traidor.


Antes de empezar a criticar, quiero decir que la película me gustó mucho aunque me chirriara el uso absurdo que hacía de los efectos especiales. De hecho, me aburría cuando aparecían y solo vi que la película tenía un sentido cuando llegué al giro cumbre de la trama: la muerte de Leslie. La historia me hizo llorar, la olvidé y estuve a punto de olvidarme de ella hasta que descubrí que ese dramón estaba basado en un libro en el que mencionaban a Narnia. Mi interés sobre la novela de Paterson aumentó cuando me enteré de que la mujer la había escrito en memoria de una amiga de su hijo, que tuvo un final parecido al de Leslie. Así pues, mi lado morboso me lanzó a la búsqueda del libro y me llevé una grata sorpresa cuando pude leerlo. A ver, no es un novelón, pero tiene temas muy interesantes que la película obvia. En primer lugar, los niños no parecen víctimas de alucinaciones cuando juegan en Therabithia; son muy conscientes de que usan ese lugar como un modo de evasión. En segundo lugar, Leslie es un personaje mucho más interesante. En la película, parece una niña hippie y con respuestas para todo, pero en el libro se ve que sufre y que tiene sus miedos. Por ejemplo, en la novela Leslie confiesa que no quería ir a vivir al campo, sufre vergüenza al reconocer que no ve la televisión y le preocupa mucho lo que la gente piense de ella. En cuanto a Jess, Katherine Paterson retrató con maestría el miedo del chico a sentirse ninguneado y cómo utilizaba las carreras para sentirse más a gusto consigo mismo, siendo un pasatiempo que no le provocaba tanta vergüenza como pintar. Por último, en la novela aparece un tema interesante y es el choque entre la vida del campo de Jess, donde hay una mentalidad más conservadora, y el pensamiento progresista de Leslie y su familia, que encaja mejor en un ambiente urbano como Washington, la ciudad donde vivían antes.

Resumiendo, creo que al querer tirar demasiado del éxito que había cosechado las Crónicas de Narnia unos años antes, los estudios de cine se cargaron una película que podía haber sido para enmarcar. El libro tira a veces de estereotipos, pero deja un retrato social y algunas reflexiones muy interesantes. No hacían falta los efectos especiales. Sobraban.

Y esto es todo por hoy. La entrada ha sido cortita debido a que tengo el cerebro chamuscado por las clases. Algún día compartiré los motivos de mi sufrimiento, pero ni hoy, ni mañana, será ese día.

martes, 7 de abril de 2015

La locura de los viajes temporales

Prometí una reseña comparando 1938 y 1984. No me he olvidado de ella. Sin embargo, presté mi ejemplar de 1938 a una amiga y estoy esperando a que me lo pueda devolver, que será dentro de un par de semanas como poco. Hasta entonces, terminaré de leer 1984 para ponerme con la reseña como dios manda.¿Créeis que aprovecharé para dejar el blog parado otro par de semanas como hice la última vez? Tenéis motivos para pensar así. Voy a redimirme por faltar a mi palabra la última vez con una entrada sobre viajes temporales.

Publicidad subliminal, siempre dispuesta a aparecer a la mínima oportunidad. Un día hablaré de mi grupo de teatro

Hace poco me enganché a la serie El ministerio del tiempo, serie genial donde las haya y que gira su trama en torno a viajes en el tiempo realizados a través de puertas que conectan diversas épocas de la historia de España. Aunque de vez en cuando trata tópicos interesantes sobre los viajes temporales, como, por ejemplo, las consecuencias de cambiar el pasado, lo que más me fascinó fue su acercamiento a diversos períodos de nuestra historia, donde ofrecen cultura y diversión al mismo precio.


Una película que también me gustó mucho y que se centraba en la posibilidad de cambiar el presente, o el futuro, a través de pequeños cambios en el pasado es Efecto mariposa, protagonizada por Ashton Kutcher y dirigida por Eric Bress. Evan, el protagonista, tiene la capacidad de viajar al pasado valiéndose de las lagunas de su memoria y lucha desesperadamente por mejorar su futuro y el de Kayleigh, la chica que le gusta, tomando decisiones vitales en hechos puntuales de la vida de ambos. En la película aparece uno de los tópicos de los viajes temporales: los futuros alternativos. Esta película la vi de madrugada y el final se me quedó marcado, aunque haya algunas partes del argumento que no recuerdo bien. La recomiendo sinceramente.


Y sigamos con películas. Sería un delito que, hablando de viajes en el tiempo, no mencionara Regreso al Futuro, una trilogía que me marcó de niño. Cada vez que me subía a un taxi y veía el taximetro, me imaginaba que estaba al bordo del Delorean de Doc. Curiosamente, la única película que recuerdo de pe a pa es la tercera, la que sucede en el Salvaje Oeste. Quizás porque me daba pena que se acabara la saga.


También sería imperdonable, y muchos me crucificarían con razón, si no mencionara a la mítica Doctor Who. La pongo al final de este recorrido de series y películas para hacer un círculo perfecto con El ministerio del tiempo, con la que guarda muchas similitudes, y también porque, de todo lo que he mencionado hasta ahora, es lo que menos me gusta. Me quedé en el capítulo donde se presentaban a los daleks, con el noveno doctor. En serio, me costaba horrores seguir y quiero retomarla porque el capítulo de 11th donde sale Van Gogh me emocionó muchísimo. Prometo retomar la serie un día de estos.

Esto es más largo que un día sin pan

Si nos vamos al terreno de la literatura, hay muchas novelas que cuentan en sus tramas con viajes en el tiempo. Una de las precursoras fue La máquina del tiempo de H. G. Wells y digo una porque hay otras novelas que, sin contar con la máquina del tiempo, ya jugaron con los viajes temporales, como por ejemplo Canción de Navidad de Dickens y estoy seguro de que si pienso un poco más, encontraré otros títulos. No obstante, me parece justo mencionar La máquina del tiempo porque fue la que dio rienda suelta a fantasear con artilugios que permitieran ir a otras épocas, cacharros como la Tardis o el famoso DeLorean. También quería mencionar La máquina del tiempo porque es la inspiración de una trilogía que me tiene completamente enamorado, y cuyo primer volumen es el Mapa del tiempo de Félix J. Palma, novela que cuenta con el mismísimo H. G. Wells como protagonista.


Esta novela es una auténtica locura. Cuenta con unos trucos narrativos que dejan descolocado al lector y que se ríen de él desde la primera página. Obviamente, los viajes temporales juegan un papel muy importante en esta saga, sobre todo en el primer libro. Todavía no he leído el tercero y no sé si la tónica se mantendrá. Por lo que llevo leído hasta ahora, esta trilogía gira alrededor de las pequeñas acciones y como estas pueden influir en el futuro.

¿A vosotros os gustan las historias con argumentos construidos en torno a los viajes temporales? ¿Conocéis alguna serie, película o libro sobre este tema que estén bien y no haya mencionado? Me gustaría recibir recomendaciones para ponerme a leer cuando tenga tiempo.

Espero que os haya gustado la entrada.

Os aseguro que mi blog no es un diario, aunque a veces lo parezca


sábado, 4 de abril de 2015

Orlando Vengador

Me ha costado mucho decidirme a hacer esta entrada por varios motivos. Uno de ellos es que todavía no me creo lo que me está pasando. El otro es que no quiero influir en la lectura del libro. Creo que lo mejor es que el lector saque sus propias conclusiones a raíz de la lectura del bolsilibro, sí bolsilibro. Sin embargo, como trabajo con una editorial pequeña, pero muy eficiente, también es mi deber echar una zarpa a la editorial con la publicidad y, como hay cosas que solo yo puedo contar, pues he decidido lanzarme a la piscina. Allá vamos.


Sinopsis: En una ciudad donde los caballos mecánicos tiran de pomposos carruajes, las motos no llegan a tocar el asfalto y las guerras de bandas se disputan las oscuras calles, surge Orlando, el vengador enmascarado. Un misterioso héroe, demasiado cercano a Lady Violet, que prefiere pelear a capa y espada que con potentes armas eléctricas.

Pero ¿quién se oculta tras la máscara de Orlando? Eso se pregunta tanto la banda del temible William O’Shea como el inspector Wallace. Parece que todo confluye en un punto: la mansión de Lady Conrad. ¿Se habrá traído Lady Violet un asesino, un protector, de sus viajes por Italia y España? ¿Acaso es su amante?

Una cosa está clara, Orlando solo responde a su propio código moral. No duda en desafiar a la policía y a las mafias por la justicia. Los obreros se revuelven contra su yugo, una nueva y poderosa banda con extrañas armas se organiza en secreto… la nobleza está más amenazada que nunca.

¿Conseguirá Orlando imponer la paz y la justicia en la ciudad? ¿Conseguirá proteger a Lady Violet?


En primer lugar habría que hablar del género del librillo. Orlando es una novela pulp. ¿Qué es el pulp? Pues es un género que nació a principios del siglo XX, siempre enfocado hacia lectores que solo buscan entretenimiento, y que debe su nombre al tipo de papel con el que se publicaban las obras de dicho género. El pulp es algo muy amplio y abarca todo lo que se puede considerar como Literatura B (fantasía, ciencia ficción, noir, erótica, homosexual...) Autores famosos de estilo pulp son Robert Howard, autor de Conan el Bárbaro o Solomon Kane; Lovecraft y su terror cósmico o Arthur Conan Doyle entre otros. A su vez, el pulp es heredero de la novela de folletín, donde tenemos a Stevenson o Dumas entre otros. No soy un experto, así que si queréis saber cómo se desarrolla el pulp en la actualidad y algo de su historia, os recomiendo que veáis esta entrada de Julio M. Freixa, el editor que me ayudó a crear Orlando.


Orlando se enmarca dentro del neopulp mencionado en dicho artículo y, aunque lo escribí a toda velocidad, tiene bastante historia detrás. Todo empezó cuando descubrí la revista digital Ánima Barda, que pretendía hacer renacer el estilo pulp en España. En dicha revista empecé a publicar relatos y a desenvolverme con el estilo pulp, un estilo que no es el mío, pero que me apasionaba por todas las oportunidades que me ofrecía. Nunca le he hecho ascos a experimentar con cosas nuevas y, desde luego, no voy a arrepentirme de haber conocido el pulp. A lo que iba, mientras mandaba relatos para Ánima Barda, empecé a pensar en qué tipo de proyecto podría encajar dentro del pulp. Quería un proyecto que me permitiera mandar relatos a Ánima Barda de forma continuada si alguna vez se me acababan las ideas o no podía exprimirme el cerebro para cumplir los encargos para el número de la revista, que solían, y suelen, hacer ejemplares temáticos.

Número viejuno de Ánima Barda online

Pensando y pensando, me di cuenta de que había un tipo de publicaciones heredera del pulp que me vendría de perlas para mis intenciones si conseguía hacerme con ella: los superhéroes. Vamos, una temática que ahora apenas se lleva.

Estas cosas dan para muchas pelis, y cómics, y libros, y series de dibujos.

A pesar de que estuve pensando mucho en la idea, no di forma a Orlando hasta mucho tiempo después. Es difícil crear un superhéroe sin hacer más de lo mismo y que además sea atractivo. Por suerte, hago muchas cosas aparte de escribir y mientras hacía teatro descubrí qué enfoque debía darle a mi héroe. Tenía que centrar en torno a él algo en lo que piensan todos los jóvenes: sexo, sexo y sexo, o eso es lo que dice al menos la madre de Brian, y esa mujer para mí es Dios. 50 sombras de Grey le da la razón también.

Si a alguien le interesa, el teatro no dejó de reír en toda la función, y ahora mismo estamos preparando The Rocky Horror Picture Show. Si es que cuando me pongo a hacer publicidad, no paro.

Antes de que alguien se forme una idea equivocada, quiero aclarar que Orlando no es una novela erótica. De hecho, en la antología de relatos eróticos-románticos en la que participé con la editorial Pulpture fui uno de los más mojigatos. No, en este libro el sexo se trata de una forma distinta y está relacionado con algo que me gusta mucho y que es el tema de la identidad; para algo escribo con seudónimo. Es más, el título de la novela hace referencia a una novela de Virginia Woolf que me encantó y que fue un precedente en el tratamiento de ciertos temas. Ya no doy más pistas, que para algo existe la wikipedia. Solamente quiero añadir que la idea para mi superhéroe cuajó al leer ese libro y hacer conexiones después con mi mente enfermiza. Si es que las clases de Canon Literario en las que leíamos a Cervantes me dejaron tocado.

¿Tardaba en aparecer la viñeta de Mafalda?

El resto ya fue sobre ruedas. Mandé el boceto de proyecto a Pulpture. Era un relato que había escrito para el Nano que organizó el foro de LGG. Julio M. Freixa me dio su opinión y me ayudó a fortalecer el proyecto, haciéndolo más pulp. Quiero recalcar que el pulp es, ante todo, literatura popular y Orlando trata de imitar a los bolsilibros que había en España hace bastantes años y a las novelas de folletín del XIX. Después de charlar con Julio, que me recalcó que cada novela debía tener un objetivo y villanos claros, mandé la novela acabada a los jefazos de Pulpture. Cris, uno de los editores, me dijo que le encantaba y que me mandaba unas cuantas correcciones. Ya empezaba a dar saltos y me encontré con un word que era más o menos esto:

La diferencia con mi word estaba en que los fallos de sintaxis, gramática, ortografía y trama estaban con distintos colores. Un poco más y mi manuscrito acaba pareciendo la bandera del Orgullo Gay. Anécdotas del proceso de edición.

La corrección y edición fue larga. Pulpture sube a youtube vídeos sobre su trabajo en la editorial y en el primero, que podéis ver aquí, hablan de Orlando y el proceso de corrección. Veréis que Jorge menciona cierto número de correcciones y habla también de cuántas lecturas hicieron de la novela. La cifras no concuerdan, ¿verdad?, pues la diferencia entre las correcciones de las que habla Jorge y la cifra que dan es el número de veces que me puse a tocar las narices. Jorge es un caballero, pero tampoco puede mentir. Desde aquí le agradezco que no me llamara neurótico en público, aunque debo reconocer que...

...cerraba los ojos y veía esto. A Cris no le llega a gustar Orlando y nos envía a Julio y a mí un troyano.

Creo que ya no tengo nada más que decir. En la web de Pulpture están colgados los primeros capítulos de Orlando por si queréis echarles un ojo. Aquí os los pongo; no faltaría más. Siendo fiel al pulp, el estilo es ágil, aunque no me quedaba otra. Eso de escribir a contrarreloj y respetando al diccionario y la gramática es bastante difícil. Luego pasa lo que pasa. Menos mal que mis editores hacen bien su trabajo.

Sobre la continuación de la novela, de nuevo siendo fiel al estilo pulp, me gustaría decir que no me marcaré un George R.R. Martin. De hecho, ya tengo el borrador del segundo bolsilibro. Aunque, de todas maneras, Pulpture tiene muchos libros de lectura rápida y publican a un ritmo vertiginoso. No habrá vacío de pulp entre un libro y otro. Como avance, hay un bolsilibro de terror de próxima publicación con una pinta estupenda y una nueva antología del mismo género.

Y esto es todo. Espero no haberos aburrido. Principalmente porque dicen que el punto fuerte del libro es el humor.

PD: En el bolsilibro no hay viñetas de Mafalda, lo prometo. Los editores dijeron que no sería correcto. En su lugar, hay una serie de ilustraciones hechas por los editores y Sergio Correa Durango, un artista excepcional.

Para gustos, colores

Buenas, no especifiqué en mi última entrada qué viernes volvería. O tal vez sí lo hice. No importa; he vuelto y como prometí voy a ponerme a hablar sobre gustos.


Siempre ha habido discusión sobre si algo puede ser bueno dependiendo de la reacción que genere en el espectador/consumidor. Vamos, siendo claros, el debate se centra en si algo que le gusta a mucha gente tiene que ser, por fuerza, algo bueno.


Me gustaría centrarme en los debates que esta cuestión generó en el siglo XVIII y a la que después se enfrentarían los románticos.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que el gusto proviene del hecho de que nosotros vemos algo y lo consideramos bello a partir de una serie de razones, en el caso de que sepamos argumentar, y esto depende, obviamente, del concepto de estética que tenga cada uno.

Alexander Baumgarten fue uno de los primeros en decir que cada uno tiene sus propios gustos. Para él, el objeto artístico tenía que buscar agradar al público y no someterse a ningún otro fin que no sea el de agradar o conmover. Esto es lo que se conoce como autonomía del arte. Por la misma época, el pensador Edmund Burke defendía esta misma tendencia y añadió que el arte debía transmitir lo sublime, un concepto que ya se usó en la Roma tardía. Lo sublime sería todo aquello que nos inspire terror o sobrecogimiento con el objetivo de conmover, algo que se lograría a través de ambientes oscuros y tenebrosos

Imágenes oscuras y sombrías que pretendan causar terror. Me parece que esas ideas no triunfaron en el XIX


Kant también reflexionó sobre lo sublime, algo que posicionó encima de lo bello a la hora de formular su estética, aunque no dijo nada muy diferente a lo que ya había expresado Burke. Tampoco opinaba de forma muy diferente a Baumgarten, pues él también decía que nuestro gusto es subjetivo y que depende de nuestra percepción individual de lo bello, que siempre vincularíamos a lo bueno. Aquí nos encontraríamos una de las raíces del pensamiento de que lo que nos gusta tiene que ser bueno porque sí, porque nosotros lo valemos. Aunque, siendo justos, no debemos echarles todas las culpas a Kant, ya que este pensamiento tiene sus raíces en la filosofía del bueno de Platón. Ahora bien, es obvio que todo esto nos llevaría a un callejón sin salida donde se podría argumentar que todo puede tener su belleza escondida, algo que, creo, nadie defiende ni por asomo.

Pero nunca debemos perder la esperanza de mostrar al mundo nuestra belleza

¿Cómo arregló esto Kant, un hombre que tenía soluciones para todo? El filósofo favorito de cualquier alumno de Bachillerato dijo que nuestro gusto subjetivo estaba influido por apariencias objetivas: rasgos que debe tener cualquier objeto estético para ser bello y que vendrían establecidos por la sociedad. Así pues, Kant defendía que, a la hora de valorar un objeto de arte y analizar la reacción que provocaba en el público y el genio del artista, había que prestar especial atención a lo primero. Habrá que esperar al Sturm und Drang del XIX para que se dé primacía al artista a la hora de juzgar un objeto artístico y no se preste tanta atención a las normas estéticas impuestas por la sociedad.

Teniendo en cuenta que muchos de nuestros ideales actuales proceden del Romanticismo, como el amor, el concepto de arte, etc..., al menos los mayoritarios, ¿qué pensáis sobre el tema? También agradecería correcciones si fueran necesarias a la interpretación de las ideas de Kant, que es un filósofo difícil de leer, y lo que sé de él proviene de lo que dice la gente que lo ha leído. Al menos puedo decir que logré terminar Sobre lo bello y lo sublime y que estoy cogiendo fuerzas para enfrentarme a sus otras obras.