viernes, 18 de diciembre de 2015

Blackwood: Piel y Huesos

La otra semana estuve en la presentación del nuevo libro de Pulpture y fue una tarde agradable. Pude poner cara a Jaume Vincent, descubrir cómo fue el proceso de edición de Blackwood y además me llevé un ejemplar de la novela, que me leí al día siguiente.

Como no pude explayarme a gusto en Goodreads, aprovecharé para volver a reseñar otro libro en el blog. A ver si me acuerdo de cómo se hace.


Título: Blackwood: Piel y huesos
Autor: Jaume Vincent
Editorial: Pulpture
Sinopsis: Bernard Clarke es un escritor en horas bajas, lleva un tiempo retirado en el pequeño pueblo de Blackwood. Atrapado en una espiral descendente, está atravesando una crisis creativa, por lo que hacer una excursión con un experto senderista y su hijo le parece la mejor de las ideas… hasta que una espectacular nevada les sorprende y desaparecen.

Blackwood, que siempre ha sido un pueblo tranquilo en apariencia, se ve alterado por la llegada de Loraine, la exmujer del escritor, al que busca fervientemente. Además, el sheriff Cavanaugh tendrá que lidiar con otro visitante indeseado, un yonki al que se busca en todo el estado por cargos de robo y asesinato: Steward Allan Granjer, que ha llegado hasta el tranquilo pueblo buscando escapar de la policía que le está dando caza.

Todo converge cuando Bernard Clarke regresa en un estado lamentable y con evidentes signos de congelación. Pero no ha vuelto solo: algo siniestro y antiguo pretende aflorar. Algo que acecha en los viejos bosques y que llevaba años dormido. Algo que necesita saciar su hambre.

Opinión: Sé que suena feo lo que voy a decir, sobre todo por decirlo de un compañero, pero lo que sentía mientras leía esta novela era envidia. Es increíble cómo encajan todas las piezas siguiendo el esquema clásico de una novela de terror. Y no voy a mentir. No voy a decir que se notan las influencias de King. Es algo que dicen todos, pero yo no puedo saberlo porque no he leído ningún libro de este señor. ¿Es un pecado? Posiblemente, pero aún estoy recuperándome del trauma que me causó la película del Resplandor. Tenía ocho años y desde entonces no me he recuperado. He visto muchas películas de terror y leído otros libros del género, pero no sé qué me pasa que aún no puedo acercarme a un libro del señor King sin sentir escalofríos. En fin, me he propuesto leerme El Resplandor estas navidades para ver si supero mis miedos infantiles.

Viejas Huellas, el folletín que precedió a Piel y Huesos

He soltado este rollo porque quería recalcar que esta novela es un ejemplo perfecto de novela de terror que cumple su objetivo con creces: entretener y dar vida a una criatura de pesadilla como el wendigo, que suele estar bastante olvidado.

El protagonista de esta novela es sin duda el monstruo. Todos los personajes cumplen su papel a la perfección: está el sheriff que cuida el pueblo alejado de la mano de Dios, el tipo de ciudad que se interna en la montaña para encontrar al monstruo, la cena del monstruo... Sin embargo, es el wendigo el que lo hila todo a la perfección, lo que hace que los protagonistas se enfrenten a sus propios miedos. Porque sí Piel y Huesos destaca por algo, es por lo ruines que son la mayoría de sus personajes. Una característica que resulta de lo más atractiva teniendo en cuenta que al wendigo le gusta jugar con la comida antes de sentarse a la mesa, y lo hace aprovechándose de los miedos y neuras de los humanos, y esto lo usa con maestría el autor para llevarnos a un clímax donde... Bueno, eso debe descubrirlo cada uno.

El estilo del autor está bastante cuidado, al igual que la edición, aunque esto no es una novedad en el caso de Pulpture. En la novela, las descripciones del paisaje y los pensamientos de los personajes se desarrollan con el vocabulario preciso. No suelen sobrar las palabras y el lector puede introducirse a la perfección en la montaña y en la vida de los personajes. Mención especial se merecen los pasajes donde aparece un yonqui con un pasado jugoso que casi da para otra novela. Bueno, quito el casi. Da para otra novela.

Vuelvo a reiterar mi envidia porque es difícil hacer que todos los elementos de una novela encajen tan bien y cumplan a la perfección con su objetivo, sobre todo si se trata de la primera novela del autor. Pero es una envidia sana con un poco de admiración. Ahora solo toca esperar a que Jaume saque otra novela porque la primera me duró poco.

No he dicho que la novela es adictiva y que tiene un ritmo ágil porque creo que es evidente viendo lo poco que tardé en leérmela, sobre todo teniendo que acabar los trabajos para la universidad.

martes, 1 de diciembre de 2015

Originalidad

El otro día en clase se sacó a colación un tema que me parecía muy interesante. El profesor nos habló de la "oposición" que hay entre los términos invención y originalidad en el ámbito de la creatividad literaria.

El término que más se usa habitualmente es el de la originalidad, y aparece siempre en las páginas de reseñas o sitios similares. Personalmente, odio la originalidad. Entendedme bien. La odio cuando me preguntan por la originalidad de un libro, película, serie, para hacer después un juicio de valor. Pienso que cuando alguien lee, centrándonos en el caso de la literatura, buscando desesperadamente la originalidad, ese alguien no tiene ni idea de nada.

Lo que voy a exponer a continuación está muy dicho ya. Es casi un tópico, pero a la gente no le entra en la cabeza. Todo está hecho ya. Se puede coger cualquier libro y buscar antecedentes. En algunas ocasiones el trabajo de arqueología literaria será más arduo que en otros, pero siempre habrá resultados. Bueno, nunca hay sentencias absolutas (salvo esta). Claro que es posible ser original, pero es jodidamente complicado y cuando se consigue esta característica, suele ser un plus a otro trabajo ya realizado, que es la base del libro. Si no existiera la originalidad, no habría "oposición" entre invención y originalidad porque esta última no existiría, así que para poder dar pie al motivo que me llevó a escribir esta entrada voy a explicar ambos conceptos.

Dicho de forma burda, la invención es coger algo ya existente y, mediante una serie de técnicas, manipularlo para desarrollar algo nuevo. Podríamos poner como ejemplo de esto el trabajo que hizo Bram Stoker con Drácula.

¿Qué sería la originalidad? La originalidad sería la capacidad para crear algo nuevo a partir del genio del artista.


Obviando la parte de la capacidad y la existencia de genios, un tema bastante polémico y que suele sacar mi lado más cínico, lo que caracteriza a la originalidad, diferenciándola de la invención, es que la originalidad es la capacidad de un artista en particular de crear algo propio sin tener que recurrir a trabajos de otros. Obviamente, nadie crea ex nihilo y si alguien piensa así, es que nunca se ha sentado a escribir, pintar, lo que sea. O ese es mi pensamiento. Bueno, a lo que iba. Después de explicar los dos conceptos, el profesor dijo que la originalidad está sobrevalorada (en ese momento me puse a aplaudirle mentalmente, aunque el profesor en cuestión tenga la costumbre de meterse con Tolkien) y que hay muchas formas de ser creativo sin ser original y citó a Virgilio y a su Eneida y dijo después que la originalidad a veces es lo más fácil del mundo. Y estoy de acuerdo con él. Por ejemplo, si ser original es ofrecer tu visión de algo que no se haya hecho antes y la originalidad fuera lo que hiciera al artista, tal y como pensaban los románticos, está película debería ser la puta hostia y ser de obligado estudio en las facultades.


A ver, no voy a ser hipócrita. Yo cuando leo algo que verdaderamente tiene su toque de originalidad doy palmas con las orejas y me emociono, pero si no tiene algo más, el libro para mí pierde su gracia. Lo que más me repatea de este asunto es que la gente valore negativamente a ciertos libros, películas, lo que sea, por no ser originales cuando pueden ser muy buenos en otros aspectos que técnicamente son más complicados de conseguir que la originalidad.

Hasta aquí la queja de hoy. Estoy abierto a debate si los trabajos y cierto proyecto me dejan.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Regreso


Llevo unos semanas bastante agobiado de trabajo. Por eso no he podido actualizar el blog como a mí me hubiera gustado, pero voy a intentar que esa situación cambie. Aunque tengo el ordenador estropeado y eso parece mala señal para mis intereses.

He estado liado con mis estudios. Ahora estoy con la carrera de literatura y haciendo un máster de Ciencias de las Religiones, un tema bastante peliagudo, pero estoy contento de poder formarme en ese área. Como escritor, estuve implicado en un crowdfunding que no tuvo éxito y no he podido publicitarlo como me gustaría porque apenas tenía tiempo para coger el ordenador. Y he publicado un folletín de terror con Pulpture en un especial de Halloween.


Tampoco me puedo quejar porque en teatro estamos adaptando Cuento de Navidad de Dickens y por primera vez me he encargado del guión, algo que creo que me ayudará por si algún día quiero escribir mis propias obras.

Por ahora estoy activo y aprendiendo mucho. No creo que pueda subir muchas reseñas porque solo leo las lecturas de clase, pero creo que podré subir más reflexiones para darle vidilla a esto.

Como despedida, dejo una viñeta de Mafalda. Para no perder las buenas costumbres.

martes, 2 de junio de 2015

Había una vez un personaje llamado Orlando


Después de una semana ajetreada en la que borré mi blog, como precaución para no escribir nada en caliente, vengo aquí completamente calmado a hablar sobre cierta crítica que recibí en un blog con bastantes seguidores. Hago esto para dejar clara mi opinión y que no se me malinterprete, que no hay nada que guste más a la gente que malinterpretar.

La critica es esta

En primer lugar la crítica no me molesta. Me duele porque han criticado un trabajo que me llevó mucho esfuerzo e ilusión y porque han malinterpretado a un personaje por una serie de motivos, que no considero malintencionados. Quiero dejar claro que no me molesta que me digan que escribo mal y de forma caótica. He adquirido bastante estilo en los concursos del foro de LGG, donde no siempre me hacían críticas agradables. Una chica me dijo una vez que leer mis historias le daba pereza y que si las acababa era porque debía juzgarlas para los concursos. Y he quedado el otro día con esa chica, y os puedo asegurar que no le he arrancado los ojos. Es más, nos reímos, nos echamos en el césped con unos amigos y me quitó hojas del pelo (dato que parece tonto, pero que es importante porque a mí me gusta mantener las distancias con casi todo el mundo). Creo que no es necesario decir que acepto todo tipo de críticas. Desde que decidí ser escritor, tuve que mentalizarme de que me llegarían críticas malas. Por eso fui al Jardín de las Malas Hierbas, porque son unas críticas demasiado nazis (aunque Ortiga prefiera usar otra palabra) y quería exponer un trabajo que consideraba, y sigo considerando, válido.

Si les gustaba, tendría publicidad. Si veían fallos, sobre todo en estilo, porque esas chicas tienen un ojo impresionante haciendo críticas formales, podría tomar nota y mejorar para el siguiente libro. ¿Qué pasó? Dijeron que había fallos a su manera y después se dedicaron a destripar a cierto personaje protagonista tachándolo con un adjetivo: machista.

Obviamente, en literatura tiene que haber personajes de todo tipo siguiendo una regla sencilla: que haya en ello una intención medianamente aceptable. No es lo mismo hacer un personaje moralmente reprobable, queriendo criticar su actitud, que hacerlo estando de acuerdo con ese comportamiento, haciendo apología de él. ¿Qué pasó en esa reseña? Que obviaron, o se les pasó decir, que podría estar haciendo un personaje dotado de una personalidad controvertida con una intención medianamente aceptable. Solo se centraron en un rasgo: el machismo implícito.

Vamos a ser serios. No es lo mismo decir que un libro es una mierda apestosa, que, oye, el autor puede haber tenido un mal día, que decir que tu libro es una mierda y que el personaje es un machista. Esa es la pequeña diferencia entre un trabajo como el Código Da Vinci (simple a más no poder) y After. Y como autor yo puedo escribir una novela como la primera con la cabeza más o menos tranquila. Jamás pasaría lo mismo si hiciera algo parecido a la segunda novela. Porque, oye, el machismo es algo serio que hace que cada año un determinado número de personas mueran. Y si alguien está pensando en comentar que ese problema es algo exagerado por ciertos colectivos, ya puede ir a decir gilipolleces a otra parte, que solo tengo 21 seguidores.

¿Qué pasó con la lectura de Ortiga? No lo sé. Ella me dijo que era confuso y que por eso se le saltaban algunos detalles de caracterización. Ahí sería fallo mío (y suyo también, que ahí estaban). Sin embargo, otras personas comprendieron al personaje principal y dijeron que estaba en un conflicto que podía degenerar en una espiral de autodestrucción. Es evidente que debo mejorar mi claridad, pero también es obvio que había ciertas intenciones que podían verse y con las que podía defender mi trabajo.

Como soy humano, salté en la reseña diciendo argumentos de referencias que no se veían a simple vista para demostrar que no escribo como un pollo sin cabeza. Ahí cometí un error condicionando al lector y ya me arrepiento de ello. Aquí solo quiero comentar una referencia: la que da personalidad a todo mi libro, el Orlando de Virginia Woolf. Pero antes de eso quiero hablar de un personaje que cogió mucha "popularidad" durante los premios Hugo: John C. Wright, cuyas prestigiosas declaraciones tradujo en esta entrada la misma Ortiga que me destrozó. ¿Qué decía este buen hombre en su panfleto? Que el hecho de otorgar características masculinas a la mujer iba a destrozar la literatura. La mujer debía limitarse a imitar ese ente amorfo que los machistas llaman feminidad.

Hablemos ahora del Orlando de Woolf, la mujer que junto a Simone de Beauvoir es uno de los pilares del feminismo moderno. El Orlando es la historia de un personaje andrógino que posee varias de las cualidades que tradicionalmente se han considerado propias de los hombres, y otras que se han vinculado a las mujeres. El pobrecillo trata de buscar su lugar hasta que, después de mucho pensar, decide cambiarse de ropa según le convenga ser hombre o mujer, ya que por su aspecto puede pasar por ambos y cree que lo que hace a la persona es su traje, no su sexo.

Sobra decir que no creo que el buen Wright se haya leído el Orlando. Y me alegro porque podría haber acabado en el hospital por culpa de un infarto. Lo que no me alegra es que un personaje femenino que haya decidido por voluntad propia vestir ropas de hombre haya sido criticado tan duramente. También me intriga el ver que recibió constantes críticas por el hecho de defenderse a punta de espada, como si una mujer no pudiera reaccionar de manera violenta para defenderse, como si eso fuera propio de hombres y no del feminismo. Ojo aquí. No hay nada que odie más que las respuestas violentas y sé que las mayores críticas que recibió mi personaje en la reseña de Ortiga fue por su carácter agresivo.

Con esta novela no quería adoctrinar a nadie, solo reflejar la impotencia que se siente cuando no hay justicia. Dejo estas dos citas de la novela, ambas dichas por Lady Violet/Orlando.

"-Es una buena mujer, capaz de pasar página y no albergar rencor en su interior. Quién pudiera ser como ella. Quién pudiera cerrar los ojos e irse a dormir sin preocuparse de nada"

"-Por favor... -suplicó Diane.
-Los encontraré a todos -prometió Violet-. Los encontraré a todos y ajustaré cuentas aunque sea lo último que haga".

Ya no sé qué pensar. Lo único que tengo claro es que me niego a aceptar que Wright tenga razón.

martes, 5 de mayo de 2015

Libros para niños

Por fin recuperé mi flipbook de Pulpture y podré preparar la reseña, aunque seguramente tardaré porque tengo que hacer los trabajos de clase y establecer prioridades. En resumen. Las entradas del blog pasarán a ser desvaríos varios para ayudarme a vaguear en época de exámenes, trabajos y calamidades diversas.

Me gustaría dedicar la entrada de hoy a la literatura infantil. Hace dos días me nominaron a una cadena en facebook para subir durante cuatro días fragmentos de textos escritos por mí. En un principio, estuve tentado de pasar de la cadena como hago con todos los retos a los que me nominan, pero tuve uno de esos arranques de ego que me dan a veces y quise impresionar a la persona que me nominó y también defender un tipo de literatura que me parece que está un poco infravalorada. Cuando la gente me pregunto qué tipo de historias escribo, me gusta decir que cuentos para niños, aunque sean las historias que menos puedo mover. Realmente disfruto haciendo este tipo de literatura por varios motivos. Uno de ellos es porque me supone un reto hacer argumentos con miga que sean, además, atractivos para un lector de poca edad. El otro, porque me siento rejuvenecer cuando me meto en la piel de un niño y pienso en cosas que puedan interesarle.



Por si esto no fuera poco, considero que es importante cuidar la literatura para niños porque es la que sienta las bases de lo que leerá el lector adulto. Ciertamente, los niños tienen que leer libros que logren entretenerles y que les ayuden a desarrollar la imaginación. Pero también deben leer cosas que les ayuden a formarse como personas, desarrollando un sentido crítico. Hacer esto conlleva un gran esfuerzo porque se debe evitar a toda costa el tono moralista y pseudofilosófico que usan muchos escritores de tres al cuarto cuando quieren que sus obras sean "profundas". Cuando era crío, los libros que más odiaba eran los que, descaradamente, pretendían inculcar valores cívicos como el respeto por los demás, las normas, etc. Dicho así, puedo sonar un poco amoral, pero mis compañeros de clase pensaban igual que yo y nunca he visto a nadie que dijera que esperaba con ansias la nueva novedad protagonizada por adolescentes con trastornos de alimentación o problemas con las drogas.

Hace poco vi un vídeo que defendía la literatura juvenil, asegurando que podía tener la misma profundidad que la novela adulta. Profundidad, la dichosa palabra que se repite a menudo. En teoría, el vídeo no tendría nada de malo de no ser por el contexto en el que se ha grabado y que temo que acabe influyendo en la literatura infantil. Es curioso, pero todos sabemos que la virtud está en el término medio y ninguno sabemos llegar a él. Últimamente la literatura juvenil (bueno, siendo justos, cierto sector de ella) anda continuamente justificándose tras haber sufrido una injusta infravaloración durante una época y ahora se ha sumido en una autocomplaciencia demasiada destructiva para sus intereses. Que sí, que hay literatura de mercado y literatura con pretensiones. También se insiste en que no todo es bueno y que hay novelas horribles. Pero también es cierto que ahora casi todas las novedades de literatura juvenil parecen hechas a partir del mismo molde, mostrando falta de frescura y originalidad, y que también es fácil señalar con el dedo a ciertos libros que obviamente son horrendos se miren por donde se miren, y que esta autocrítica no se hace con los libros de cabecera de la literatura juvenil, al menos no exhaustivamente.

Me gustaría que la literatura infantil se valorara más y que nunca cayera en un estado de autocomplaciencia. Tal vez el problema sea que al haber tanta producción de libros seamos más críticos que nunca para poder decir con criterio qué novelas tienen calidad y cuáles no.

Como siempre, en estos casos nunca hay una respuesta clara.

martes, 28 de abril de 2015

Un puente hacia Therabithia

Desde que vi la película con el trailer más engañoso que recuerdo (sí, estoy hablando de ti, Therabithia), tenía unas ganas locas de leer el libro en el que se inspiró semejante timo que, a pesar de todo, me dejó un buen sabor de boca. Hace unas pocas semanas pude cumplir el objetivo que me había marcado hace más de cinco años.

La portada del libro que cogieron del cartel de la película
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En teoría, debería poder comparar el libro y la película aprovechando las clases de semiótica que recibí hace poco en la universidad, pero mis apuntes son tan confusos y tengo tanto cacao en la cabeza, que lo haré a la manera sencilla: fijándome solo en el argumento de la novela y el guión de la película. Destriparé la peli y el libro, así que quien avisa no es traidor.


Antes de empezar a criticar, quiero decir que la película me gustó mucho aunque me chirriara el uso absurdo que hacía de los efectos especiales. De hecho, me aburría cuando aparecían y solo vi que la película tenía un sentido cuando llegué al giro cumbre de la trama: la muerte de Leslie. La historia me hizo llorar, la olvidé y estuve a punto de olvidarme de ella hasta que descubrí que ese dramón estaba basado en un libro en el que mencionaban a Narnia. Mi interés sobre la novela de Paterson aumentó cuando me enteré de que la mujer la había escrito en memoria de una amiga de su hijo, que tuvo un final parecido al de Leslie. Así pues, mi lado morboso me lanzó a la búsqueda del libro y me llevé una grata sorpresa cuando pude leerlo. A ver, no es un novelón, pero tiene temas muy interesantes que la película obvia. En primer lugar, los niños no parecen víctimas de alucinaciones cuando juegan en Therabithia; son muy conscientes de que usan ese lugar como un modo de evasión. En segundo lugar, Leslie es un personaje mucho más interesante. En la película, parece una niña hippie y con respuestas para todo, pero en el libro se ve que sufre y que tiene sus miedos. Por ejemplo, en la novela Leslie confiesa que no quería ir a vivir al campo, sufre vergüenza al reconocer que no ve la televisión y le preocupa mucho lo que la gente piense de ella. En cuanto a Jess, Katherine Paterson retrató con maestría el miedo del chico a sentirse ninguneado y cómo utilizaba las carreras para sentirse más a gusto consigo mismo, siendo un pasatiempo que no le provocaba tanta vergüenza como pintar. Por último, en la novela aparece un tema interesante y es el choque entre la vida del campo de Jess, donde hay una mentalidad más conservadora, y el pensamiento progresista de Leslie y su familia, que encaja mejor en un ambiente urbano como Washington, la ciudad donde vivían antes.

Resumiendo, creo que al querer tirar demasiado del éxito que había cosechado las Crónicas de Narnia unos años antes, los estudios de cine se cargaron una película que podía haber sido para enmarcar. El libro tira a veces de estereotipos, pero deja un retrato social y algunas reflexiones muy interesantes. No hacían falta los efectos especiales. Sobraban.

Y esto es todo por hoy. La entrada ha sido cortita debido a que tengo el cerebro chamuscado por las clases. Algún día compartiré los motivos de mi sufrimiento, pero ni hoy, ni mañana, será ese día.

martes, 7 de abril de 2015

La locura de los viajes temporales

Prometí una reseña comparando 1938 y 1984. No me he olvidado de ella. Sin embargo, presté mi ejemplar de 1938 a una amiga y estoy esperando a que me lo pueda devolver, que será dentro de un par de semanas como poco. Hasta entonces, terminaré de leer 1984 para ponerme con la reseña como dios manda.¿Créeis que aprovecharé para dejar el blog parado otro par de semanas como hice la última vez? Tenéis motivos para pensar así. Voy a redimirme por faltar a mi palabra la última vez con una entrada sobre viajes temporales.

Publicidad subliminal, siempre dispuesta a aparecer a la mínima oportunidad. Un día hablaré de mi grupo de teatro

Hace poco me enganché a la serie El ministerio del tiempo, serie genial donde las haya y que gira su trama en torno a viajes en el tiempo realizados a través de puertas que conectan diversas épocas de la historia de España. Aunque de vez en cuando trata tópicos interesantes sobre los viajes temporales, como, por ejemplo, las consecuencias de cambiar el pasado, lo que más me fascinó fue su acercamiento a diversos períodos de nuestra historia, donde ofrecen cultura y diversión al mismo precio.


Una película que también me gustó mucho y que se centraba en la posibilidad de cambiar el presente, o el futuro, a través de pequeños cambios en el pasado es Efecto mariposa, protagonizada por Ashton Kutcher y dirigida por Eric Bress. Evan, el protagonista, tiene la capacidad de viajar al pasado valiéndose de las lagunas de su memoria y lucha desesperadamente por mejorar su futuro y el de Kayleigh, la chica que le gusta, tomando decisiones vitales en hechos puntuales de la vida de ambos. En la película aparece uno de los tópicos de los viajes temporales: los futuros alternativos. Esta película la vi de madrugada y el final se me quedó marcado, aunque haya algunas partes del argumento que no recuerdo bien. La recomiendo sinceramente.


Y sigamos con películas. Sería un delito que, hablando de viajes en el tiempo, no mencionara Regreso al Futuro, una trilogía que me marcó de niño. Cada vez que me subía a un taxi y veía el taximetro, me imaginaba que estaba al bordo del Delorean de Doc. Curiosamente, la única película que recuerdo de pe a pa es la tercera, la que sucede en el Salvaje Oeste. Quizás porque me daba pena que se acabara la saga.


También sería imperdonable, y muchos me crucificarían con razón, si no mencionara a la mítica Doctor Who. La pongo al final de este recorrido de series y películas para hacer un círculo perfecto con El ministerio del tiempo, con la que guarda muchas similitudes, y también porque, de todo lo que he mencionado hasta ahora, es lo que menos me gusta. Me quedé en el capítulo donde se presentaban a los daleks, con el noveno doctor. En serio, me costaba horrores seguir y quiero retomarla porque el capítulo de 11th donde sale Van Gogh me emocionó muchísimo. Prometo retomar la serie un día de estos.

Esto es más largo que un día sin pan

Si nos vamos al terreno de la literatura, hay muchas novelas que cuentan en sus tramas con viajes en el tiempo. Una de las precursoras fue La máquina del tiempo de H. G. Wells y digo una porque hay otras novelas que, sin contar con la máquina del tiempo, ya jugaron con los viajes temporales, como por ejemplo Canción de Navidad de Dickens y estoy seguro de que si pienso un poco más, encontraré otros títulos. No obstante, me parece justo mencionar La máquina del tiempo porque fue la que dio rienda suelta a fantasear con artilugios que permitieran ir a otras épocas, cacharros como la Tardis o el famoso DeLorean. También quería mencionar La máquina del tiempo porque es la inspiración de una trilogía que me tiene completamente enamorado, y cuyo primer volumen es el Mapa del tiempo de Félix J. Palma, novela que cuenta con el mismísimo H. G. Wells como protagonista.


Esta novela es una auténtica locura. Cuenta con unos trucos narrativos que dejan descolocado al lector y que se ríen de él desde la primera página. Obviamente, los viajes temporales juegan un papel muy importante en esta saga, sobre todo en el primer libro. Todavía no he leído el tercero y no sé si la tónica se mantendrá. Por lo que llevo leído hasta ahora, esta trilogía gira alrededor de las pequeñas acciones y como estas pueden influir en el futuro.

¿A vosotros os gustan las historias con argumentos construidos en torno a los viajes temporales? ¿Conocéis alguna serie, película o libro sobre este tema que estén bien y no haya mencionado? Me gustaría recibir recomendaciones para ponerme a leer cuando tenga tiempo.

Espero que os haya gustado la entrada.

Os aseguro que mi blog no es un diario, aunque a veces lo parezca


sábado, 4 de abril de 2015

Orlando Vengador

Me ha costado mucho decidirme a hacer esta entrada por varios motivos. Uno de ellos es que todavía no me creo lo que me está pasando. El otro es que no quiero influir en la lectura del libro. Creo que lo mejor es que el lector saque sus propias conclusiones a raíz de la lectura del bolsilibro, sí bolsilibro. Sin embargo, como trabajo con una editorial pequeña, pero muy eficiente, también es mi deber echar una zarpa a la editorial con la publicidad y, como hay cosas que solo yo puedo contar, pues he decidido lanzarme a la piscina. Allá vamos.


Sinopsis: En una ciudad donde los caballos mecánicos tiran de pomposos carruajes, las motos no llegan a tocar el asfalto y las guerras de bandas se disputan las oscuras calles, surge Orlando, el vengador enmascarado. Un misterioso héroe, demasiado cercano a Lady Violet, que prefiere pelear a capa y espada que con potentes armas eléctricas.

Pero ¿quién se oculta tras la máscara de Orlando? Eso se pregunta tanto la banda del temible William O’Shea como el inspector Wallace. Parece que todo confluye en un punto: la mansión de Lady Conrad. ¿Se habrá traído Lady Violet un asesino, un protector, de sus viajes por Italia y España? ¿Acaso es su amante?

Una cosa está clara, Orlando solo responde a su propio código moral. No duda en desafiar a la policía y a las mafias por la justicia. Los obreros se revuelven contra su yugo, una nueva y poderosa banda con extrañas armas se organiza en secreto… la nobleza está más amenazada que nunca.

¿Conseguirá Orlando imponer la paz y la justicia en la ciudad? ¿Conseguirá proteger a Lady Violet?


En primer lugar habría que hablar del género del librillo. Orlando es una novela pulp. ¿Qué es el pulp? Pues es un género que nació a principios del siglo XX, siempre enfocado hacia lectores que solo buscan entretenimiento, y que debe su nombre al tipo de papel con el que se publicaban las obras de dicho género. El pulp es algo muy amplio y abarca todo lo que se puede considerar como Literatura B (fantasía, ciencia ficción, noir, erótica, homosexual...) Autores famosos de estilo pulp son Robert Howard, autor de Conan el Bárbaro o Solomon Kane; Lovecraft y su terror cósmico o Arthur Conan Doyle entre otros. A su vez, el pulp es heredero de la novela de folletín, donde tenemos a Stevenson o Dumas entre otros. No soy un experto, así que si queréis saber cómo se desarrolla el pulp en la actualidad y algo de su historia, os recomiendo que veáis esta entrada de Julio M. Freixa, el editor que me ayudó a crear Orlando.


Orlando se enmarca dentro del neopulp mencionado en dicho artículo y, aunque lo escribí a toda velocidad, tiene bastante historia detrás. Todo empezó cuando descubrí la revista digital Ánima Barda, que pretendía hacer renacer el estilo pulp en España. En dicha revista empecé a publicar relatos y a desenvolverme con el estilo pulp, un estilo que no es el mío, pero que me apasionaba por todas las oportunidades que me ofrecía. Nunca le he hecho ascos a experimentar con cosas nuevas y, desde luego, no voy a arrepentirme de haber conocido el pulp. A lo que iba, mientras mandaba relatos para Ánima Barda, empecé a pensar en qué tipo de proyecto podría encajar dentro del pulp. Quería un proyecto que me permitiera mandar relatos a Ánima Barda de forma continuada si alguna vez se me acababan las ideas o no podía exprimirme el cerebro para cumplir los encargos para el número de la revista, que solían, y suelen, hacer ejemplares temáticos.

Número viejuno de Ánima Barda online

Pensando y pensando, me di cuenta de que había un tipo de publicaciones heredera del pulp que me vendría de perlas para mis intenciones si conseguía hacerme con ella: los superhéroes. Vamos, una temática que ahora apenas se lleva.

Estas cosas dan para muchas pelis, y cómics, y libros, y series de dibujos.

A pesar de que estuve pensando mucho en la idea, no di forma a Orlando hasta mucho tiempo después. Es difícil crear un superhéroe sin hacer más de lo mismo y que además sea atractivo. Por suerte, hago muchas cosas aparte de escribir y mientras hacía teatro descubrí qué enfoque debía darle a mi héroe. Tenía que centrar en torno a él algo en lo que piensan todos los jóvenes: sexo, sexo y sexo, o eso es lo que dice al menos la madre de Brian, y esa mujer para mí es Dios. 50 sombras de Grey le da la razón también.

Si a alguien le interesa, el teatro no dejó de reír en toda la función, y ahora mismo estamos preparando The Rocky Horror Picture Show. Si es que cuando me pongo a hacer publicidad, no paro.

Antes de que alguien se forme una idea equivocada, quiero aclarar que Orlando no es una novela erótica. De hecho, en la antología de relatos eróticos-románticos en la que participé con la editorial Pulpture fui uno de los más mojigatos. No, en este libro el sexo se trata de una forma distinta y está relacionado con algo que me gusta mucho y que es el tema de la identidad; para algo escribo con seudónimo. Es más, el título de la novela hace referencia a una novela de Virginia Woolf que me encantó y que fue un precedente en el tratamiento de ciertos temas. Ya no doy más pistas, que para algo existe la wikipedia. Solamente quiero añadir que la idea para mi superhéroe cuajó al leer ese libro y hacer conexiones después con mi mente enfermiza. Si es que las clases de Canon Literario en las que leíamos a Cervantes me dejaron tocado.

¿Tardaba en aparecer la viñeta de Mafalda?

El resto ya fue sobre ruedas. Mandé el boceto de proyecto a Pulpture. Era un relato que había escrito para el Nano que organizó el foro de LGG. Julio M. Freixa me dio su opinión y me ayudó a fortalecer el proyecto, haciéndolo más pulp. Quiero recalcar que el pulp es, ante todo, literatura popular y Orlando trata de imitar a los bolsilibros que había en España hace bastantes años y a las novelas de folletín del XIX. Después de charlar con Julio, que me recalcó que cada novela debía tener un objetivo y villanos claros, mandé la novela acabada a los jefazos de Pulpture. Cris, uno de los editores, me dijo que le encantaba y que me mandaba unas cuantas correcciones. Ya empezaba a dar saltos y me encontré con un word que era más o menos esto:

La diferencia con mi word estaba en que los fallos de sintaxis, gramática, ortografía y trama estaban con distintos colores. Un poco más y mi manuscrito acaba pareciendo la bandera del Orgullo Gay. Anécdotas del proceso de edición.

La corrección y edición fue larga. Pulpture sube a youtube vídeos sobre su trabajo en la editorial y en el primero, que podéis ver aquí, hablan de Orlando y el proceso de corrección. Veréis que Jorge menciona cierto número de correcciones y habla también de cuántas lecturas hicieron de la novela. La cifras no concuerdan, ¿verdad?, pues la diferencia entre las correcciones de las que habla Jorge y la cifra que dan es el número de veces que me puse a tocar las narices. Jorge es un caballero, pero tampoco puede mentir. Desde aquí le agradezco que no me llamara neurótico en público, aunque debo reconocer que...

...cerraba los ojos y veía esto. A Cris no le llega a gustar Orlando y nos envía a Julio y a mí un troyano.

Creo que ya no tengo nada más que decir. En la web de Pulpture están colgados los primeros capítulos de Orlando por si queréis echarles un ojo. Aquí os los pongo; no faltaría más. Siendo fiel al pulp, el estilo es ágil, aunque no me quedaba otra. Eso de escribir a contrarreloj y respetando al diccionario y la gramática es bastante difícil. Luego pasa lo que pasa. Menos mal que mis editores hacen bien su trabajo.

Sobre la continuación de la novela, de nuevo siendo fiel al estilo pulp, me gustaría decir que no me marcaré un George R.R. Martin. De hecho, ya tengo el borrador del segundo bolsilibro. Aunque, de todas maneras, Pulpture tiene muchos libros de lectura rápida y publican a un ritmo vertiginoso. No habrá vacío de pulp entre un libro y otro. Como avance, hay un bolsilibro de terror de próxima publicación con una pinta estupenda y una nueva antología del mismo género.

Y esto es todo. Espero no haberos aburrido. Principalmente porque dicen que el punto fuerte del libro es el humor.

PD: En el bolsilibro no hay viñetas de Mafalda, lo prometo. Los editores dijeron que no sería correcto. En su lugar, hay una serie de ilustraciones hechas por los editores y Sergio Correa Durango, un artista excepcional.

Para gustos, colores

Buenas, no especifiqué en mi última entrada qué viernes volvería. O tal vez sí lo hice. No importa; he vuelto y como prometí voy a ponerme a hablar sobre gustos.


Siempre ha habido discusión sobre si algo puede ser bueno dependiendo de la reacción que genere en el espectador/consumidor. Vamos, siendo claros, el debate se centra en si algo que le gusta a mucha gente tiene que ser, por fuerza, algo bueno.


Me gustaría centrarme en los debates que esta cuestión generó en el siglo XVIII y a la que después se enfrentarían los románticos.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que el gusto proviene del hecho de que nosotros vemos algo y lo consideramos bello a partir de una serie de razones, en el caso de que sepamos argumentar, y esto depende, obviamente, del concepto de estética que tenga cada uno.

Alexander Baumgarten fue uno de los primeros en decir que cada uno tiene sus propios gustos. Para él, el objeto artístico tenía que buscar agradar al público y no someterse a ningún otro fin que no sea el de agradar o conmover. Esto es lo que se conoce como autonomía del arte. Por la misma época, el pensador Edmund Burke defendía esta misma tendencia y añadió que el arte debía transmitir lo sublime, un concepto que ya se usó en la Roma tardía. Lo sublime sería todo aquello que nos inspire terror o sobrecogimiento con el objetivo de conmover, algo que se lograría a través de ambientes oscuros y tenebrosos

Imágenes oscuras y sombrías que pretendan causar terror. Me parece que esas ideas no triunfaron en el XIX


Kant también reflexionó sobre lo sublime, algo que posicionó encima de lo bello a la hora de formular su estética, aunque no dijo nada muy diferente a lo que ya había expresado Burke. Tampoco opinaba de forma muy diferente a Baumgarten, pues él también decía que nuestro gusto es subjetivo y que depende de nuestra percepción individual de lo bello, que siempre vincularíamos a lo bueno. Aquí nos encontraríamos una de las raíces del pensamiento de que lo que nos gusta tiene que ser bueno porque sí, porque nosotros lo valemos. Aunque, siendo justos, no debemos echarles todas las culpas a Kant, ya que este pensamiento tiene sus raíces en la filosofía del bueno de Platón. Ahora bien, es obvio que todo esto nos llevaría a un callejón sin salida donde se podría argumentar que todo puede tener su belleza escondida, algo que, creo, nadie defiende ni por asomo.

Pero nunca debemos perder la esperanza de mostrar al mundo nuestra belleza

¿Cómo arregló esto Kant, un hombre que tenía soluciones para todo? El filósofo favorito de cualquier alumno de Bachillerato dijo que nuestro gusto subjetivo estaba influido por apariencias objetivas: rasgos que debe tener cualquier objeto estético para ser bello y que vendrían establecidos por la sociedad. Así pues, Kant defendía que, a la hora de valorar un objeto de arte y analizar la reacción que provocaba en el público y el genio del artista, había que prestar especial atención a lo primero. Habrá que esperar al Sturm und Drang del XIX para que se dé primacía al artista a la hora de juzgar un objeto artístico y no se preste tanta atención a las normas estéticas impuestas por la sociedad.

Teniendo en cuenta que muchos de nuestros ideales actuales proceden del Romanticismo, como el amor, el concepto de arte, etc..., al menos los mayoritarios, ¿qué pensáis sobre el tema? También agradecería correcciones si fueran necesarias a la interpretación de las ideas de Kant, que es un filósofo difícil de leer, y lo que sé de él proviene de lo que dice la gente que lo ha leído. Al menos puedo decir que logré terminar Sobre lo bello y lo sublime y que estoy cogiendo fuerzas para enfrentarme a sus otras obras.

martes, 3 de marzo de 2015

Editores, ese gran desconocido.

Voy a tener que retrasar mi reseña comparando 1984 y 1938 porque se me ha acumulado una montaña de lecturas pendientes, todas ellas distopías. Seguramente en un mes tendré que leerme unas cuantas novelas de Julio Verne o ver algunas películas Disney para volver a tener un poco de fe en la humanidad. Sin embargo, en está entrada no voy a hablar de rollos filosóficos sobre el mundo que nos ha tocado vivir, sino sobre una figura cuyo trabajo, en mi opinión, no recibe la atención que se merece.

Estoy hablando del editor.

La primera vez que pensé en el editor fue con la película Medianoche en París, donde aparece Gertrude Stein, que no era una editora, sino una especie de mecenas, también artista, a la que el protagonista de la película le pide que eche un vistazo al borrador de la novela que está escribiendo.


La película me gustó y estuve varias semanas pensando sobre ese ambiente cultural del París de los 20, donde los artistas podían poner en común sus ideas para mejorarlas. Empecé a pensar en los editores como gente que puede ayudar a publicar una novela poniendo el dinero y también puliéndola. Antes, pensaba en el editor como el personaje que se dedicaba a dar el visto bueno a los manuscritos, a veces de forma arbitraria.

Se puede decir que he crecido. Mi visión ha cambiado. La realidad es mucho más compleja de lo que parece en un primer momento y el editor es un elemento que tiene una vital importancia dentro del mundo literario. Nadie es perfecto (bueno, habrá alguien que esté a punto de serlo) y siempre es bueno contar con opiniones diversas a la hora de escribir que, además, ayuden a enfocar el trabajo final.

En mi caso, debo decir que he tenido mucha suerte. Siempre había pedido opiniones después de acabar mis manuscritos y hace unos meses tuve la oportunidad de poder hacer uno contando con ayuda mientras lo escribía. Tenía a un editor dándome consejos, hablándome de cómo él entendía el género con el que me estaba atreviendo y ofreciéndome truquillos y el punto de vista del lector. Y ciertamente ha sido una experiencia muy enriquecedora. También aterradora, porque vi lo poco que hace falta para que una obra cambie de manera abismal, y tengo como mínimo unas cuatro novelas en el cajón que quiero retocar.

Después de ver Medianoche en París, pensé que no podría vivir ese mundillo de los años 20, que está idealizado; no voy a negarlo. Sin embargo, me he dado cuenta de que hay que moverse, y tener un poco de suerte también, para encontrar a gente que esté dispuesta a realizar la labor del editor, en su vertiente de dar forma a la novela. Nadie es perfecto; vuelvo a repetirlo. No obstante, hay menos margen de error en un trabajo si en su realización participan dos personas en vez de una.

Para acabar, me gustaría mencionar otra vez la labor de Pulpture. Puedo parecer pelota. Seguramente haya alguien que piense que no puedo ser objetivo, pero me da igual. La labor que están haciendo hasta ahora me parece increíble. Su intención es acompañar a los escritores noveles en sus primeros pasos y aprender, y no hay objetivo mejor que ese. Por eso me gustaría dar las gracias a Julio M. Freixa, la persona que me acompañó en la creación de mi Orlando, y a Jorge Plana y Cris Miguel, que están luchando contra viento y marea para sacar una editorial adelante, no publicando libros para venderlos a espuertas, sino ayudando a crecer a los escritores que forman parte de ella.

Hasta aquí llega mi entrada de hoy. Esta semana seguiré filosófico porque quiero empezar a estudiar, así que me pondré a subir reflexiones sobre los apuntes.

Si puedo, el viernes subiré una entrada sobre la cuestión del gusto en literatura.

lunes, 23 de febrero de 2015

Resumen del 2014 y planes del 2015

2014 ha sido un año muy bueno en algunos sentidos; no me puedo quejar. Sigo colaborando con la revista Ánima Barda, que, tras una campana de crowdfunding, consiguió convertirse en editorial Pulpture y justamente tengo otros proyectos entre manos que van viento en popa. 2015 también pinta bastante bien, visto lo visto.

En los estudios también me va de fábula. Ya tengo la licenciatura de Historia y me alegro cada vez más de haber decidido estudiar Literatura General y Comparada mientras busco trabajo. Este ya es mi segundo año y quiero acabar cuanto antes este curso para empezar tercero. Al menos puedo entretenerme con los trabajos que me mandan.


Me gustaría aprovechar los trabajos de literatura comparada para hacer reseñas de dos novelas a la vez, algo que me parece interesante. Tengo en mente hacer una reseña comparando 1984 de George Orwell con una de las publicaciones de Pulpture (sí, nadie dijo que aquí no habría publicidad infiltrada) que me ha enamorado completamente y que tiene influencias, o eso creo, de la novela de Orwell. Estoy hablando de 1938 de Jesús Montalvo.


Sin embargo, hay un pequeño problema. Uno chiquitito. No he leído 1984. Por lo tanto, tengo un motivo para ponerme a leer antes de que la gente empiece a lanzarme tomates por inculto. Aunque no voy a esperar a leer ese libro para subir más entradas, así que pensaré en hacer otra reseña comparando dos libros que sí me haya leído.

Hasta entonces, leed 1938 sí podéis. Que me gustaría hacer reseñas comentando el libro a fondo y, además, el libro es una joya.

domingo, 22 de febrero de 2015

De vuelta a la carga


Soy una persona tan voluble como una veleta. No me gusta reconocerlo, pero debo hacerlo. Uno de mis grandes problemas es que cambio de opinión a cada segundo y aquí estoy de nuevo a punto de comenzar una nueva etapa en este blog.

Si alguien recuerda el antiguo diseño del blog, se dará cuenta de que en estas semanas que he pasado fuera mi manejo de las plantillas de blogger no ha cambiado nada. Qué le voy a hacer. Moriré siendo un negado de la informática. En fin, a lo que iba. Diseño nuevo, vida nueva. He borrado todas las entradas. No creo que nadie las eche de menos en esta etapa que comienza en mi pequeño blog desértico.

Como desafío, me he propuesto subir unas cuantas entradas en esta semana. Una de ellas hablará sobre las cosas que me han mantenido ocupado durante este tiempo y las otras serán reseñas de libros que he leído hace poco y que me han gustado y que considero interesantes por motivos varios.

¿Lograré mantener estas ideas antes de que acabe la semana?

Se aceptan apuestas.