viernes, 3 de marzo de 2017

Las cenizas que quedan


Hacer reseñas es un trabajo que me disgusta desde hace tiempo. Creo que el modo de reseña que me encuentro últimamente por blogs se limita en muchos casos en tratar de vender el libro, como si fuera solamente un producto comercial, señalando solamente sus cosas buenas y malas y después a otra cosa mariposa. Con esto no quiero decir que sea malo que el mercado influya en la literatura. Esto es algo que ha pasado siempre y que seguirá sucediendo. Pero si en anuncios de videojuegos, electrodomésticos y otro tipo de productos se empieza a utilizar más el factor emocional que la enumeración de características. ¿Por qué tenemos que andar como los cangrejos? ¿Por qué los escritores tenemos que vender solamente nuestros libros como productos y por qué reseñamos novelas como si vendiéramos pescado en una lonja?

Tras este pequeño preámbulo voy a hablar de Las cenizas que quedan de Andrea Prieto Pérez.

Para hablar de este libro eché un vistazo a otras reseñas para no repetir lo mismo que decía otra gente. Casi todas las reseñas eran buenas y se centraban más o menos en lo mismo. Así que no me queda más remedio que intentar enfocar esto de otra manera y decir por qué Andrea Prieto es buena escritora. Creo que para ser honestos hay que decir que conozco a la autora. No somos amigos, porque no hemos hablado lo suficiente para poder afirmar eso, pero es una de las personas que más respeto como escritoras. Dicho esto, vamos a hablar del libro.


Últimamente veo más que nunca la lucha contaste entre la literatura "canónica" y la de corte popular, una lucha feroz entre el entretenimiento y la trascendencia. Hay escritores que intentan conseguir ambas. En mi opinión, conseguir solo uno de estos aspectos es terriblemente complicado y alcanzar estos dos objetivos es una hazaña. En muchas ocasiones, veo que escritores que tienen una novela entretenida fallan al querer hallar la trascendencia con un lenguaje gongorino y diálogos que parecen querer desentrañar el sentido de la existencia. Y también veo a autores que, teniendo obras con un alto contenido literario, se pasan el entretenimiento por el arco del triunfo. Al final, son pocos los escritores que consiguen un equilibrio más o menos perfecto y siempre tiran por la sencillez. En esta encrucijada, Andrea Prieto tomó una decisión muy arriesgada. Hacer una novela que se basa en dos personajes hablando en un viaje en coche.

He visto que en algunas reseñas han señalado que esta novela es lenta. Me extraña porque empieza con toda la carne en el asador, haciendo unas descripciones y unos diálogos que son oro puro en cuanto a lo que quieren transmitir. Esta novela no sería lo que es si no contara con las descripciones de ese mundo desolado al que se vuelve una y otra vez, un paisaje que refleja perfectamente el estado anímico de los personajes. ¿Para qué seguir luchando si lo que te espera es un mundo donde lo único que quedan son cenizas y bestias asesinas? Las cenizas que quedan es una novela con estilo cinematográfico en el mejor sentido de la palabra, donde una imagen lo puede contar todo. Pero, además, estas descripciones se complementan con dos personajes redondos: Aline y Weiss.

Aline era una mujer cuyo estilo de vida se basaba en adentrarse en ese desierto ceniciento y regresar a su casa para ayudar a su gente. Al inicio novela aparece como un personaje mutilado por la pérdida de un brazo y que cuenta con un puesto de responsabilidad dentro de su comunidad. A pesar de tener este puesto de responsabilidad, Aline sigue con la imagen de las cenizas que cubren la tierra de su mundo, un escenario que ya solo ve desde la barrera y qué le obliga a preguntarse: ¿qué hago yo aquí? Weiss, por el contrario, es un aventurero cuyo único deseo es viajar más allá del asentamiento donde viven sus conocidos, alguien que cuando piensa en su hogar lo hace con angustia y que aprovecha la mínima oportunidad para empezar un viaje con Aline. Y eso es lo importante de la novela: dos personas hablando. Hay dos escenas de acción si no recuerdo mal y el resto son diálogos y descripciones. Un esquema que solo siguen aquellos que saben que pueden llevarlo a cabo y la gente temeraria.

Nos han bombardeo con la idea de que el entretenimiento tiene que ser acción a raudales. Nuestro estilo de vida se basa en hacer muchas cosas y pocas veces nos podemos parar en la calle a echar un ojo a lo que nos rodea. También, en el terreno de la literatura, nos han hecho creer que si haces descripciones tienes que tener un estilo barroco para darles un sentido, y también que debemos explicar absolutamente todo, sobre todo en fantasía y ciencia ficción. Que nadie espere en esta novela explicaciones detalladas del sistema de magia, de la sociedad o de las criaturas, que no se espere un conflicto trabajado con un enemigo a la altura. Lo vuelvo a repetir. Esta novela son dos personas viajando en coche y lo demás es secundario. El conflicto es el que tienen ellos consigo mismos; son sus peores enemigos. Andrea Prieto no necesita más para demostrar que es una escritora como la copa de un pino. En ese sentido, me sorprende que comparen a esta novela con Mad Max cuando veo más semejanzas con La carretera.

No voy a hablar más del libro porque sería ofrecer mi interpretación y creo que es mejor entrar a la historia con pocas imágenes en la cabeza. Solo quiero añadir que mis dos escenas favoritas son el instante en el que Aline sale del asentamiento y mira el paisaje por la ventana del coche y el momento en el que intenta montar su rifle. Otro escritor habría optado por un estilo barroco tratando de hacer esas escenas súper trascendentales. La autora en cambio optó por un estilo sencillo porque sabía que esas dos imágenes hablaban por sí solas.

PD: Me parece justo señalar la iniciativa de la que Andrea Prieto forma parte: La nave invisible. Es una propuesta que trata de reivindicar escritoras de género. Y en ese sentido me parece que ella se merece muchísima reivindicación porque tomó una decisión muy valiente a la hora de escribir este libro, alejándose del tratamiento de las propuestas de fantasía y ciencia ficción más populares.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Ser profesional

Resucité el blog por cuestiones de vil publicidad, ya que no hay nada más estimulante que la posibilidad de ganar dinero. Bueno, ahora hablando en serio el motivo por el que actualizo tan poco es que este es mi último año de universidad y apenas tengo tiempo para escribir de la forma asidua que exige este medio. Y es una pena, porque las clases me dan a menudo ideas interesantes sobre las que reflexionar. El problema es que no dispongo de tiempo material para pensar un enfoque para el blog. Sin embargo, había un tema del que quería hablar y que tiene que ver con este asunto del enfoque y con el motivo de por qué no me atrae la idea de hacer reseñas para resucitar la cosa esta.


En Goodreads siempre suelo dar cinco estrellas a mis lecturas a no ser que vea algo importante que se deba mejorar. Y si tengo que escribir una reseña para explicarme mejor, lo hago. No me gusta poner cuatro estrellas o tres por la obligación de tener que hacer una clasificación de libros buenos. La virtud de una novela, poemario, etc. puede proceder de aspectos muy diferentes y en muchas ocasiones, sobre todo en Goodreads, veo algunas calificaciones bajas que están justificadas en argumentos que dejan bastante que desear por decirlo de forma delicada. Por eso, voto con cinco estrellas por norma general. Para hacer contrapeso. Aunque pocas veces hago reseñas o críticas porque para hacerlas en condiciones necesito tiempo. Mucho tiempo. Bueno, en realidad no tanto, pero dispongo de tan poco tiempo libre que para el caso es lo mismo.


Esto es un tema complejo porque ahora todo el mundo hace sus críticas por la red y eso está bien. Yo mismo me guío de las críticas de los demás para ir al cine o escoger mis lecturas, pero también es cierto que la mayoría de las críticas no están hechas por gente que estudie Literatura. Y, ojo, no digo que para valorar una obra literaria de forma correcta haya que pasar por la universidad. Nada de eso. Puedes leer libros de teoría por tu cuenta y/o devorar novelas a mansalva y ser un excelente crítico, pero también es cierto que hay muchas reseñas que en vez de hacer análisis de una obra hacen una exposición de gustos personales. ¿Eso es malo? En absoluto si el que lee esas entradas sabe lo que está leyendo, pero muchas veces no es así, y esto es peligroso porque todos nos fiamos de las reseñas a la hora de decidir si acercarnos a una obra o no. Y hay muchos libros buenos que para apreciarlos se necesita saber ciertas cosas que solo alguien que haya estudiado Literatura puede conocer.

Puedo poner un ejemplo de esto hablando de cine. Yo podría hacer reseñas de películas. De hecho, alguna vez las he hecho fijándome en la narrativa. Sin embargo, una crítica mía de cine será bastante floja porque no sé casi nada de aspectos técnicos de cine y seguramente haya películas geniales en cuestiones de fotografía, o de innovaciones en aspectos formales, que seré incapaz de apreciar porque no tengo ni puñetera idea de cine. Para disfrutar de una película compleja tendría que venir un crítico y decirme: mira esto que acabas de ver y que te parece una paja mental con pretensiones es buena por todas estas cosas.

Esta parrafada llena de desvaríos viene a cuento de unas clases de crítica que he tenido hace poco en el máster. Allí se habló de la importancia que deberían tener los críticos y del poco peso que tienen, debido sobre todo al hecho de que los que estudiamos Literatura no solemos reivindicarnos y dejamos que la imagen del crítico gafapasta sea la que represente al gremio. Yo estoy muy de acuerdo con esto y una de mis películas favoritas, Ratatouille, trata sobre este tema espinoso.

Su monólogo es de lo mejor de la peli


Considero que como críticos debemos estar a contracorriente, sobre todo a la hora de defender a una obra con capa y espada. A veces también es necesario ofrecer una visión negativa de una novela que haya sido bien aceptada si hay un motivo de peso para esto, pero lo más importante de la función del crítico es reivindicar aquello que no se conoce o no se valora como se merece.

Todos hemos sido Homer alguna vez


Poniéndome como ejemplo otra vez, uno de mis profesores de universidad es fanático de Star Wars hasta el punto de que ha investigado y analizado muchísimo esa saga. Fue él quien me hizo ver Star Wars VII de una manera distinta a los análisis superficiales que se ven en toda la red, sobre todo ahora que se ha estrenado Rogue One. Con Ratatouille me pasó lo mismo. Para comprender mejor al crítico Anton Ego tuve que ver una reseña de otro crítico que me explicaba la importancia de ciertas escenas que daban una interpretación más completa de este personaje. Que yo haya tenido que recurrir a terceras personas para comprender mejor ciertas películas no me hace más tonto. Para analizar bien una obra se necesita mucho tiempo, ya sea para adquirir conocimientos o para analizarla una y otra vez y sacarle todo el jugo. Y no todo el mundo dispone de ese tiempo por varios motivos. Yo tengo mucho tiempo para leer porque quiero dedicarme a la literatura de manera profesional y a veces me revienta que la crítica no se enfoque de forma profesional porque reseñar una obra de forma pública siempre tiene consecuencias.

Para terminar, me gustaría aclarar que los críticos no somos infalibles y que en la universidad hay peleas bastante fuertes, o eso dicen, a la hora de decidir cuál es el análisis correcto de una obra. Sucede lo mismo con los médicos. Ellos también se equivocan. No obstante, a la hora de curarnos de una enfermedad de cierta importancia siempre recurrimos a ellos y no a los remedios tradicionales.


martes, 6 de diciembre de 2016

Cuestión de principios

Hace mucho que no escribo en el blog por cuestiones de estudio y/o trabajo en mis chapuzas varias. Cuando no estoy en la calle, paso las horas perdiendo el tiempo en youtube para relajarme o leyendo algún libro de la universidad por cuenta propia para perder la calma que me habían entregado ciertos vídeos chorras de la red.

Escribir escribo muy poco. Como mucho algún relato corto o trabajos académicos y ya. Mi sequía no se debe a falta de ideas, sino a inseguridad. Últimamente me da por meterme en noticias de política o de sucesos que tratan temas de actualidad y leer los comentarios de la parte inferior de la noticia o del artículo. Tras esa lectura y perder durante unos minutos la fe en la humanidad, me pregunto: ¿quién tendrá razón? Y tratando de encontrar respuestas busco más noticias y/o libros sobre el tema para leer, leer y leer. Y mi inseguridad aumenta. Fíjate tú qué cosas.

Tampoco he estado lloriqueando en una esquina de mi habitación sin atreverme a hacer nada. Soy indeciso, pero tampoco tanto. No obstante, sigo preguntándome cómo la gente puede estar tan segura de ciertas cosas. Quizás no es que la gente tenga seguridad, sino que intenta aparentarla para defender su punto de vista. Otras veces la seguridad viene de la completa ignorancia y eso lo he ratificado en algunos comentarios de ciertas noticias que no mencionaré aquí, porque muchos casos son de sobra conocidos.

En mis horas muertas por la red he seguido buscando viñetas de Mafalda. Siempre me hacen reír y no sé por qué


En fin, me he puesto a actualizar el blog a estas horas porque no puedo dormir ni concentrarme y tengo que escribir para ver si puedo despejarme, así que se me ha ocurrido hacer algo útil y darme un poco de publicidad. Sí, publicidad por mi nuevo libro. Lamento haber decepcionado a aquellos que hayan entrado aquí creyendo que iban a leer algo interesante. A mí solo me motiva el vil dinero.

No soy esa paloma. Soy el que la caza y se la come o la vende para comprarse una tableta de chocolate



Bueno, en realidad todo el rollo que he soltado antes sí tiene algo que ver con este autobombo publicitario. La novela corta que he publicado con Pulpture, Game Over, es lo único que he escrito con placer en esta etapa de bloqueo. He escrito más cosas como una novela corta, un folletín y un relato corto para una publicación de Pulpture que pretendía hacer un homenaje a la historia de Guy Fawkes por el 5 de noviembre, ya que me hago publicidad, que sea a lo bestia. Pero esta novelita es lo único que he disfrutado escribiendo. Con ella logré dejar a un lado la inseguridad. ¿El motivo de todo esto? Muy sencillo. Nunca esperé que me la publicaran. Con esto no quiero decir que la novela sea mala, solo que la escribí sin tener esperanzas porque la mandé a una convocatoria de novelas de ciencia ficción. Y creo que para escribir este género se necesita tener aprecio o conocimiento por la ciencia y yo con este saber tengo una relación.... Bueno, esta imagen de una conocidísima película de ciencia ficción refleja muy bien mi relación con la ciencia.


Por este motivo, dado que estaba frustrado con la humanidad por esas fechas (bajo mi cara de niño bueno se esconde un sociópata en potencia) escribí sin filtro ninguno usando mi sentido del humor más ácido y lanzando dardos a todo lo que se me ocurriera. Gracias a lo poco de decencia que me quedaba le enseñaba el manuscrito a mi pareja para que me diera el visto bueno, ya que ella es muchísimo mejor persona que yo. Su respuesta fue: "Porque te conozco, que si no, pensaría que estos chistes están escritos a mala idea". Y como pensaba que no iba a publicar le dije: "Con eso me vale. Gracias por no odiarme". Lo gracioso es que mi sentido del humor absurdo gustó y publicaron la novela. En mi defensa diré que metí conceptos de sci-fi y algo de metaficción para enviar algo aparte del odio contra la humanidad que me embargaba en ese momento. No quería que los editores vieran mi falta de profesionalidad. Aun así mi humor gustó. Algo de gracia tendré aunque a mi madre no le gusten mis chistes de política. Seguro que se cree que soy de los que meten rodajas de chorizo o fics homoeróticos de Rajoy e Iglesias en los sobres de las papeletas los días de elecciones. Al menos, el consuelo que me queda es que mi pareja dice que soy gracioso y se ríe de mis chistes, o eso quiero pensar.

Lo que quiero decir con todo esto es que el libro tiene la gracia de las historias que uno escribe con la seguridad de que no le va a leer nadie más allá de su círculo de confianza. Sé que mis chistes no le gustarán a todo el mundo, pero bueno... Nadie es perfecto. Sin embargo, al pensar en Game Over estos días estuve reflexionando sobre las críticas que se hacen a ciertos libros a partir de un análisis ideológico. Este tema me interesa mucho y estoy haciendo un trabajo de fin de máster sobre esta cuestión y seguramente haga una tesis doctoral sobre lo mismo. Soy consciente de que con Game Over me pueden llover palos si los chistes no se entienden debido a que tengo la mala costumbre de hacer las cosas de forma sutil y a veces transmito de forma ambigua mis ideas. Hago este tipo de chistes porque soy pequeño y nunca he hecho chistes de forma directa por miedo a que me partieran la cara. Cobarde que soy. En Game Over las bromas no son nada ambiguas. Mi pareja me marcó varios chistes en rojo y mi respuesta fue: "Lo ha dicho el mono con pistolas. No puedes decirme nada". Pero, en fin, pilarín, la novela ya está escrita y yo me desahogué mucho escribiéndola y ojalá volviera a recuperar esa sensación. Como cierre a esta reflexión, solo puedo citar otra vez las palabras de la amiga de Mafalda y decir que no se puede gustar a todo el mundo, ¿pero cuántas novelas habéis leído protagonizadas por monos últimamente?

Herb Ponnington, detective privado y caballo, aún sufre las consecuencias de su desastrosa visita al Ingeniero (que, recordemos, acabó muerto a manos de Pax, el chimpancé ayudante de Herb). La policía les insiste para que investiguen el caso y hallen al asesino (ellos mismos) y, por si eso no fuera poco, ahora llama a su puerta Stuart, el sobrino de Ponnington, que no hará sino complicarles la existencia.
Tan enervante situación hará que se embarquen en una alocada huida a través del desquiciado universo, que, por lo visto, se está desintegrando. Cosa que, también por lo visto, ocurre cuando se mata al Ingeniero.


Sé que hay otras tres novelas en el libro, pero esta noche estoy un poco egocéntrico.

viernes, 15 de abril de 2016

Superheroínas

Hace unas semanas se cumplió el aniversario de Orlando y no sabía qué hacer para celebrarlo. Si soy sincero, estoy nervioso porque hace poco también hice la corrección definitiva de la segunda parte y estoy a destajo con la tercera. Tanto trabajo me ha hecho pensar mucho en el personaje y en cómo lo construí, cosa que me pasa a menudo cuando veo series o películas para coger material de apoyo y hacer comparaciones. La última vez que me puse a reflexionar sobre Orlando fue al devorar los primeros capítulos de Jessica Jones, aunque los personajes tienen un tratamiento muy distinto.

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Y ayer el momento de reflexión llegó a su culmen cuando asistí a una charla en La casa encendida sobre feminismo y cultura pop, donde hubo un apartado dedicado a las superheroínas, donde se habló de Wonder Woman, Supergirl, Spidergirl, Jessica Jones, etc.

Un tema interesante que se trató en la charla fue que las superheroínas, en la actualidad, son el reflejo de un sistema donde ya hay un arquetipo de personaje diseñado para superhéroes, con sus diversas particularidades obviamente, y que se traslada tal cual a las superheroínas. Esto, que en teoría no tiene que ser malo, se convierte en un problema cuando se construye personajes femeninos a partir de un arquetipo de personaje que representa un sistema de pensamiento opresor.

El espíritu reivindicativo lo he dejado hoy en casa y animo a que la gente reflexione sobre sus personajes favoritos, porque ahora no me apetece señalar con el dedo. Sin embargo, me gustaría reflexionar sobre un tema que surgió a raíz de mencionar la serie de Jessica Jones. Una chica dijo que Jessica Jones era un buen ejemplo de personaje femenino fuerte que no necesita a nadie a pesar de que, paradójicamente, en su serie de cómic hubiera quedado relegada al papel de madre y ama de casa. En ese punto, la conferenciante mencionó que una de las cosas que no le gustaban de Jessica Jones era que su carácter se debía a que había pasado una especie de trauma. Si no hubiera tenido ese pasado doloroso, Jessica Jones hubiera sido un personaje totalmente diferente, y de nuevo se ciñó a los cómics.

Sin entrar en polémicas sobre Jessica Jones, sobre todo porque me falta ver el final de la serie, estuve pensando sobre ese problema porque es algo que me sucede a menudo con Orlando, la gente va enseguida a buscar las motivaciones de su carácter y las razones de sus acciones. Ayer se dijo que muchos personajes femeninos deben explicar su comportamiento si este se sale de la norma, algo que no suele suceder con los masculinos, donde hay más diversidad. De nuevo, no voy a señalar con el dedo para decir dónde está el problema. Hoy estoy poco combativo. Solo voy a comentar mi método para desarrollar personajes.

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Cuando quiero hacer un personaje consistente siempre tengo en cuanta tres factores para desarrollar su psicología: uno de ellos es la base, los rasgos de personalidad que le han tocado a la hora de nacer; otro, los rasgos que ha ido formando a partir de sus experiencias vitales. El último de ellos son sus decisiones, influidas por su código moral, que es el aspecto que más me apasiona trabajar. Como se puede ver, solo uso la lógica en un 33% a la hora de desarrollar un personaje, si queremos ponernos científicos. Lo demás es irracional, porque creo que los seres humanos somos pura emoción.

A veces me pregunto qué tipo de personaje es Orlando y si debo cuadrarlo dentro de los superhéroes o de las superheroínas. Aunque lo que más me intriga es por qué queremos aplicar a cierto tipo de personajes un análisis completamente racional.

martes, 12 de abril de 2016

Doktor Faustus. Cómo mirar al diablo a la cara

Sé que llevo mucho tiempo desaparecido. Los estudios son lo peor de lo peor, pero, después de asistir a una charla sobre el uso que se hace de las redes sociales, llegué a la conclusión de que este es mi blog. Debo cuidarlo. Si no lo hago yo, nadie más lo hará. Y pongo a Dios por testigo de que buscaré la manera de darle un diseño decente. Pero tiempo al tiempo.

Hablando de Dios, he de decir que desde hace unos meses estoy leyendo distintas versiones del mito de Fausto e investigando sobre el tema para mi trabajo de fin de máster. Y me encontré con un libro que recrea la historia del doctor maldito, adaptándola a la perfección a la historia de Europa de principios del siglo XX, pero que por desgracia también sirve para hoy en día. Estoy hablando del Doktor Faustus, de Thomas Mann


Todos hemos oído hablar de Fausto en mayor o menor medida. Basado en un personaje histórico de principios de la Edad Moderna, el mito de Fausto habla de un erudito que, por una serie de motivos, solo puede satisfacer los deseos de su alma acudiendo al Diablo, que le concede un determinado período de tiempo en el que colmará todos sus deseos. Pasado ese tiempo, el alma de Fausto irá al Infierno para pagar su deuda con el Maligno.

El Fausto más famoso es el de Goethe, pero antes de él hubo muchísimos más. Para que después digan que uno de los valores más importantes de una obra es su originalidad. En fin, después de Goethe, hubo muchos más versiones del Fausto y en 1947 se publicó la de Thomas Mann, Doktor Faustus, escrita durante la Segunda Guerra Mundial.


En esta novela, el mito de Fausto es utilizado para reflexionar sobre la postura y responsabilidad de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial y Doktor Faustus es una lectura obligada para quien quiera ver la guerra desde el punto de vista alemán. Pero que nadie se espere encontrar una historia donde Hitler y el partido nazi tengan especial relevancia. De hecho, en ningún momento se les nombra directamente si no recuerdo mal. Sin embargo, el pensamiento que llevó al auge del nazismo y a la SGM está bastante presente, reflejado sobre todo en la vida del protagonista, el Fausto de Thomas Mann, el genial músico Adrian Leverkühn.


También hay una película de la historia, aunque no he tenido el placer de verla

Doktor Faustus es una novela difícil. No solo por los enormes pasajes donde se habla de música con un vocabulario muy específico, sino también por la gran cantidad de matices que encierra la obra. Esta novela muestra intencionadamente a una pequeña parte de la sociedad alemana. No se fijó en las clases humildes, cuyo apoyo al partido nazi durante los 30 es más fácil de comprender debido a la enorme crisis económica, sino en las élites culturales y en la clase acomodada, donde está presente ese espíritu alemán que llevó a la condena del país. Un espíritu ambicioso que también compartía Fausto y que fue el motivo por el que el doctor hizo el pacto con el diablo. Supongo que para Thomas Mann escribir esta novela no fue fácil porque es una manera de mirar al horror a la cara y ver de dónde procede. Es significativo uno de los últimos pasajes de la novela, donde el narrador que cuenta la vida de Adrian Leverkühn menciona cómo los aliados obligaron a la población civil a mirar directamente los campos de concentración, recriminándoles que hubieran permitido su existencia. Al escribir esta obra, Thomas Mann tuvo que mirar su campo de concentración particular, Alemania, y aceptar que su país había hecho su propio pacto con el diablo, pidiéndole tiempo para llevar a cabo sus ambiciones y entregando su alma al Infierno cuando llegó la hora.

No me gusta mucho hablar de política porque siento que, diga lo que diga, a veces también soy cómplice silencioso de ciertas cosas, pero tengo que decir que tras leer este libro y ver las noticias, siento que la Europa actual encajaría con la Alemania que retrató Mann. Por un poco de tiempo va a condenarse.

Sinceramente, recomiendo mucho este libro aunque su lectura no sea fácil, como ya dije. Doktor Faustus trata muchos temas, como el arte, la historia, el amor, la amistad, la soberbia... Todo ello aplicándolo siempre al caso alemán y al contexto histórico de la obra, aunque hay reflexiones que son imperecederas. Cuando se dice que leer clásicos es importante porque dejan huella, se refieren siempre a libros como este.


Creo que, salvo contadas excepciones, dejaré de hacer reseñas al estilo de otros blogs y haré reflexiones como estas. No sé si el cambio será para mejor, pero a mí me gusta.

jueves, 28 de enero de 2016

Humor de perros

Creo que no debería escribir esta entrada, pero como me aburro y tengo que hacer un trabajo sobre arrancar corazones, prefiero despejar mi cabeza del odio que me vuelve loco y quiero hablar de humor.

Sí, humor. Esa cosa que todo el mundo dice tener y que parece ser tan bonito y adorable y útil para el mundo. Bien, a mí me gusta mucho el humor y leo muchos libros y películas sobre la temática. Suelo ver a un youtuber famoso, el Crítico de la Nostalgia, que a veces reflexiona sobre el tema. Y si hay algo que siempre dice este señor, y que es una verdad como un templo, es que el humor está basado en la crueldad. Vamos a ver la definición de la RAE sobre esta palabreja:

Crueldad

1. f. Inhumanidad, fiereza de ánimo, impiedad.
2. f. Acción cruel e inhumana.

La mayor parte del humor consiste en burlarse de algo o de alguien, ya sea por tener un defecto o por no encajar en lo que nosotros esperábamos de él. Un ejemplo perfecto es la última obra que hice con el grupo de teatro: Toc toc, protagonizada por unos personajes con trastorno obsesivo compulsivo. ¿Es malo reírse de la gente? Sí, si señalas con el dedo directamente es algo muy feo, pero si te ríes de algo sin dar nombre y apellidos, es gracioso y puedes aprender algo. Los seres humanos somos así de malvados. Que levante la mano quien no se haya reído alguna vez con un chiste que se burle de algún tópico de la gente.

¿Por qué escribo esta entrada? Todo esto viene a raíz de una cuenta de humor, que a mí personalmente no me hacía mucha gracia por la calidad de los chistes, pero que pretendía sacar una sonrisa a partir de una crítica a un determinado grupo de gente. ¿Qué pasó entonces? Que el grupo de gente mencionada se indignó, algo completamente lógico, y trataron de responder a la cuenta, algunas veces perdiendo bastante las formas. Esto en teoría no debería afectarme, pero recuerdo que hace tiempo tuve una pequeña discusión por la entrada de cierto blog (aquí la tenéis) en la que me reí de los chistes, dije que algunos me hicieron gracia, pero que no estaba de acuerdo en la crítica que me hicieron y, debido a la libertad de expresión que todo el mundo alaba, traté de ofrecer mi visión y demostrar que la crítica no tenía ni pies ni cabeza al margen del humor. ¿Qué pasó? Que parece que debería haber dicho amén porque esas chicas tenían libertad de expresión también y la mía no contaba aún en el caso de defensa. ¿Por qué sacó esto? Porque en ese momento hubo gente que salió en mi defensa diciendo que no les gustaba el humor de estas chicas y veo ahora por parte de este sector gente que aplaude el humor de esta otra persona.

¿Qué estoy criticando con esto? Crítico la hipocresía de la sociedad en general. Nos olvidamos que el humor tiene que ser muchas veces cruel para serlo y no nos damos cuenta de que muchas veces camina por una delgada línea, la de lo políticamente correcto que nos va a llevar a la ruina. El mundo es complejo. Con esto no quiero defender las malas formas de forma gratuita. Si tu usas el humor para burlarte de alguien, sin señalarle un defecto que tal vez deba corregir, eres una persona despreciable. Pero es comprensible que a alguien no le guste ese modo de señalarle los errores, así que si eres una persona inteligente, sabes cuándo usar el humor para señalar fallos y cuándo debes tener un poco de tacto. Y también sabes que si te ríes de algo y te gusta usar el humor como crítica, tienes que estar dispuesto a recibirlo. Y si usas el humor ácido para señalar un fallo y tu crítica no tiene sentido, la has cagado.

Volviendo al tema, lo que me hace gracia de esto es que estamos dispuestos a que se use el humor cuando vemos que la crítica es clara y ya no nos parece tan bien cuando la crítica es difusa y está sujeta a diversas interpretaciones, sobre todo si nos toca a nosotros mismos. Eso se llama hipocresía.

No conozco a la chica de la cuenta de twitter (Common Booktuber) ni sé si recibió amenazas por privado, lo que sí vi es que se la criticaba por usar humor para criticar ciertas actitudes, a veces con muy malas formas. Esa gente no entiende lo que es el humor y seguro que se ha reído muchas veces de algún grupo social con chistes seguramente igual de crueles y no ha pasado nada. Es lógico; somos humanos y hay que asumir cómo nos comportamos.

En general esta crítica y reflexión me viene al pelo porque justo con la aparición de esta chica, un booktuber que acaba de publicar un libro recibió una reseña del mismo blog con humor ácido que me reseñó a mí en su día. Este blog destripó el libro y se lo corrigieron con humor, y aceptó bien la crítica, y hubo gente que aplaudió a este blogger por ello. Sin embargo, con Common Booktuber la crítica que se hizo no se soportó y se rechazó su mal humor con muy malos modales.

Esto es hipocresía. Y quiero señalar que, aunque tengas razón en algo, si no lo expones con educación, pierdes todos los papeles y la razón.

No quería hacer esta entrada, pero he visto varias reflexiones de gente que dice que no podemos ignorar esta situación si no queremos que esto continúe así. Y como a mí esta situación me repatea y quiero ser consecuente con lo que opino, he decidido hablar.

martes, 19 de enero de 2016

Este sueño está patrocinado

Me leí este libro el mismo día que tuvo lugar la presentación en Madrid y no había tenido tiempo para dejar mi opinión, algo que tenía muchas ganas de hacer.



Título: Este sueño está patrocinado

Autor: Pedro Pablo Picazo

Editorial: Pulpture

Sinopsis: Recuerda uno de tus sueños. Ahora imagina en él un gran espacio en blanco que rece «Ponga aquí su anuncio». Pues eso es lo que le pasa a Félix, solo que el espacio ha sido llenado por los anuncios de todas las grandes empresas del país, colmando los sueños de publicidad encubierta a la par que descarada.

Por ese motivo, Félix no puede dormir.

Y eso le hace estar furioso, muy furioso.

Opinión: Este libro se basa en una de las principales premisas de la ciencia ficción. Imaginar qué pasaría si existiera un determinado avance científico. En este caso, Pedro Pablo Picazo nos presenta una sociedad donde la publicidad está en todas partes, hasta en los sueños. Algo muy realista teniendo en cuenta que hoy en día vemos anuncios por todas partes y no podemos librarnos de ellos. Seguro que las empresas habrán sopesado la posibilidad de intentar vendernos sus productos mientras nos echamos la siesta.

Bien, en este mundo tan horrible, donde sueñas y te están fulminando con anuncios de lejía del futuro, vive Félix. Félix es un hombre con una vida que va cuesta abajo y sin frenos, un desgraciado que lo único que quiere es poder dormir en paz para descansar un rato. La falta de sueño le ha convertido en un hombre muy susceptible y bastante violento. Su exmujer no quiere saber nada de él y Félix empieza a tener problemas en el trabajo. Con este personaje, que no es nada simpático, Pedro Pablo Picazo nos expone su visión de una sociedad donde lo único que importa es el consumo y, de propina, trata de reflejar la importancia de los sueños. La estructura del libro es bastante sencilla. La trama se centra en Félix y vemos sus peripecias para tratar de dormir en paz. Por el final hay unos cambios de trama bastante interesantes y que me sacaron una carcajada porque Pedro Pablo jugó con un tópico bastante manido para darle un enfoque original dentro de su novela.

Es difícil hablar de este libro sin dar detalles de su argumento y del final, un final bastante cerrado en mi opinión. Lo que sí puedo decir es que el autor tenía muy claro lo que quería decir mientras escribía, y eso se nota. Por otra parte, Picazo tampoco se dedica a juzgar la sociedad como si él estuviera por encima de todo, sino que nos pone una posibilidad sombría de lo que puede suceder y nos muestra sus consecuencias. El narrador apenas toma partido y las reflexiones parten casi siempre de Félix, algo curioso teniendo en cuenta que él encaja más en la figura de antihéroe que en la de héroe. Esto hace que veas la paradoja de ciertos asuntos que no desvelaré, para que el lector que vea esta entrada y decida comprar el libro tome sus propias decisiones.

Resumiendo, este libro me parece una muy buena aportación a la ciencia ficción por parte de un autor español. Tiene un toque clásico, pero a la vez toca temas muy de actualidad, por lo que su lectura es una actividad bastante jugosa.